viernes, 26 de septiembre de 2014

COMPAÑERO





No me planteo cuál es el terreno
donde mejor germina la semilla
del cariño que doy.
Sólo quiero encontrarme con tu esencia
detrás de las palabras, no poseer excusas
para evadirme del cosmos que propones.

A veces me descubro con escamas
mientras trenzo la azul cabellera del mar.
En otras ocasiones simplemente
defino al hombre bueno 
que abrazado a la vida
es testigo del tiempo y sus secuelas.
Pero en todos los sueños estás tú.
Tengo claro que mi naturaleza
está siempre contigo.
Quiero ser compañero de la luz mineral
que reflejan los ojos de tu alma.


(El fuego del instinto. Ed. Vitruvio)
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz (c)   

miércoles, 24 de septiembre de 2014

LOS ÓLEOS





Dentro del almidón que une mis sueños
he puesto a mezclar miel ya derretida
con la sonrisa clara que me ofreces.
Percibo en mis neuronas
el sabor del jengibre
y la fragancia fresca del hibisco:
placeres que conviven esmaltados
de una luz de romero.
Sin embargo no puedo concebir esa esencia
que pule y armoniza
el color secular de la alegría
y la tibia mirada 
que llegó con tu nombre.
Sólo me queda, y no me quejo de ello,
la dicha de beber en esos labios
o cubrir la paleta de mis manos
con los óleos suaves de tu cuerpo.


(El fuego del instinto. Ed. Vitruvio)
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz (c)

lunes, 22 de septiembre de 2014

CALANDRIA




En juegos de placer bajo las sábanas
puse almizcle en tu cuello.
Lo guardaste en las venas con cuidado,
igual que una señal profunda.

Lucen a veces mis sienes de lobo
criado en la estepa todo el esplendor
del fuego que dilata las hormonas:
reflejan la codicia de tenerte.

Cuando me llega nítido tu aroma,
ese signo iniciático
del terreno marcado, soy gen  puro.
Busco entonces tus senos
como a suaves vituallas
para que nutran mis labios de alimento
y los encuentro llenos de energía,
de grosellas maduras coronados.
Yo poseo tu alado cuerpo muy lentamente.
Brilla la luz del alba
y termina el invierno
en tu piel boreal, dulce calandria.



(El deseo o la luz. Ed. Universidad de Murcia)
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz (c)  

miércoles, 17 de septiembre de 2014

FRONTERAS Y SEPARATISMOS





La orilla del mar es una frontera que siempre invita a ser ciudadano de la tierra. Y la tierra es de todos. De todos sin excepción. Sin embargo hay quienes intentan de forma reiterada marcar un territorio excluyente para los demás.
En la mayoría de los casos, este comportamiento suele estar inspirado por razonamientos egoístas o aspiraciones personales de los que en ese momento ostentan el poder en una determinada zona del planeta, en la que pretenden imponer sus criterios.
Durante los últimos años, la acción destructiva de la crisis económica ha sido el caldo de cultivo que los que buscaban esos exacerbados separatismos, necesitaban. Y agarrados al falso mensaje de que todo lo malo viene de otras gestiones, y no de la suya, han alentado los sentimientos de aquellos que se han sentido más suyos que compatriotas de los demás. Es sin duda un comportamiento explicable pero no plausible.
Seguramente muchos encontrarán en estas palabras un paralelismo con lo que están viviendo en algunas zonas de un estado que lleva unido más de quinientos años. Un estado rico en diversidad y en cultura, en el que se puede poner en valor la diferencia pero nunca la exclusión. 
No podemos arriesgarnos a dilapidar lo que ha costado tantos sacrificios y tantas vidas, no podemos arriesgarnos a repetir lo más negro de nuestra historia. Simplemente, no podemos dejarnos engañar por quienes sólo buscan su acomodo en la política.
La convivencia y el respeto deben ser dos de los aspectos incuestionables en una sociedad democrática. Si la soberanía sobre el territorio que habitan los españoles es de todos, nadie tiene derecho a imponer su derecho sobre una parte del territorio que también es de los que no residen en él. Hay pues que encontrar el camino para el entendimiento, para la convivencia, para el respeto. Y respetar las leyes que nos hemos dado para convivir en paz, ser libres y desarrollar nuestras facultades humanas.
La independencia como concepto no existe. Todos dependemos de algo. Somos seres dependientes que necesitamos vivir en sociedad. Nuestra grandeza como humanos reside en aprovechar la inercia positiva de los demás y ser creativos.         
En estos tiempos en los que parece que algunos quieren hacer nuevas fronteras, yo les invitaría a que se pusiesen cara a las olas y mirasen más allá, para ver si comprenden que no hay más frontera que la que nos deja la vida atrás, y que no hay más patria que la que nos lleva a vivir en paz.Y esa paz sólo puede encontrarse en el interior de uno mismo.
Pero si hablamos de patria, aún soy más concreto. Como decía Machado, la única patria del ser humano es su infancia. Nunca debemos olvidar esa realidad. 


17 de septiembre de 2014
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
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Mariano Valverde Ruiz (c)   

jueves, 11 de septiembre de 2014

SEPTIEMBRE Y POESÍA




El tiempo pasa, ya lo sabemos. Sin embargo cuesta reconocerlo. Sentado en un banco de cualquier parque he reparado en que estamos de nuevo en septiembre y, sin pretenderlo, la mente se me ha ido hacia otros septiembres del tiempo ya clausurado.
Septiembre ya no tiene aquellos toques de romanticismo que le hacían un mes especial. Ahora, más bien es una prolongación del verano que se confunde con el agitado día a día del trabajo.
Echo de menos el color de los membrillos, el sabor de los jínjoles, las hojas secas sobre la humedad de la tierra, el olor de la lluvia y esa mirada enamorada de los que dicen adiós a una aventura estival.
Recuerdo que esperaba con anhelo el tiempo en que caían las primeras lluvias, bajaban las temperaturas, el viento traía el aroma de los pimientos y la luna comenzaba a cubrirse con un tul de recogimiento y de nostalgia. Aquellos días eran el preludio de mi vuelta al colegio, del encuentro con el conocimiento, de la posibilidad de crecer. Y eso me entusiasmaba.
Ahora soy yo el que recibe a los alumnos después del verano y, me cuesta decirlo, en pocos veo la ilusión por aprender. En alguna ocasión les he hablado de aquellos tiempos y noto en sus miradas cierta incredulidad. Entonces tengo la sensación de que se están perdiendo las pequeñas cosas que hacen a un hombre feliz y pegado a la tierra sin que el cielo le quede demasiado lejos.
Sin embargo, septiembre es una nueva oportunidad de acercarse al mundo interior y de llevarlo al papel en forma de poemas. Este mes es la antesala de la llegada del otoño, un tiempo muy poético en el que con la caída de las hojas todos nos acordamos de lo que hemos perdido, nos refugiamos en la nostalgia y dejamos que los sentimientos afloren para sentirnos aún vivos cuando la naturaleza comienza a cerrar su ciclo creativo y se abre el tiempo de espera para una nueva vitalidad: la del tiempo poético.      
En fin, debo de estar haciéndome viejo. O acaso más consciente de lo que ya he vivido. Cada hoja que cae de un árbol es una oportunidad para llenarla de poesía. Igual que los días. 


11 de septiembre de 2014
ARTÍCULOS DE OPINIÓN
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Mariano Valverde Ruiz (c)       

martes, 9 de septiembre de 2014

FIJOS EN LA MEMORIA




Fijos en la memoria
sobreviven al tiempo
los devaneos líricos
en la cala perdida
que tan sólo tú y yo
conocemos.
                    Titilan
las velas de jazmín
en el hueco cercano de la roca,
aquella escarcha azul de luna cómplice,
la sal marina tatuada en el dorso.
Todo vuelve a latir
cuando asedia el recuerdo
y rememora su adagio íntimo.

Te lo silbo al costado,
no lo reprimo, gimo su vigor,
tú braceas con furia
aquel loco deseo,
deslizas los visillos de la luna
sobre mi boca y callas.
Te eriza la nostalgia.
Por tu piel corren viejos apetitos
buscando auxilio en mi cuerpo.



(El deseo o la luz. Ed. Universidad de Murcia)
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Mariano Valverde Ruiz (c)