Cada día que pasaba tenía menos certezas. Estaba más confuso. Sus horas se disolvían en el aire como un azucarillo de feria. Sus pensamientos se deshilachaban igual que una manta vieja. Sus manos generaban una preocupación constante. ¿Hasta cuándo serían útiles? Para vivir plenamente era necesario comprender que de las dos vidas que le ofrecieron al nacer solo le quedaba una. Y no era suficiente.
Mariano Valverde Ruiz (c)
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