Cada atardecer trae un misterio. La luz del crepúsculo es una gitana del Albaicín. Se escuchan los pájaros cantar al ritmo de taranto. La Luna sale con los colores del poeta de Granada. Hay un lamento que estremece el alma. El eco de los fusiles aún resuena en el barranco. Y el misterio de la tarde escribe el verso inacabado de Federico: Que nadie calle hasta que el alba me despierte.
Mariano Valverde Ruiz (c)
Todos los derechos reservados.












