domingo, 4 de junio de 2017

EL DESCONSUELO DE NÁUCRATE





EL DESCONSUELO DE NÁUCRATE

El sol ha derretido las alas de su hijo Ícaro
y el lecho del mar acoge su cuerpo sin vida.
Ahora, las manos de Náucrate
buscan en todos los portales
de la isla de Creta
el vacío que deja el hueco de la noche,
quieren tocar la sima donde yace
el fruto de su amor.
La desesperación alimenta su búsqueda,
palpa la negritud de los espacios
que la alejan de lo imposible
y se apoya en los muros
sin mancillar las piedras.
Camina con su alma por el suelo,
ausente, como sombra de las lágrimas
que brotan de sus ojos.
Un reguero de rosas troceadas
decoran las facciones de su rostro.
La expresión silenciosa de su gesto
marca todos los límites
de su desgracia.
El dolor se reencarna en su piel,
en las rosas, el cielo, el mar y el infinito.
La noche, inalterable, no ofrece más consuelo
que el frío que deja al borde de sus manos
como una tumba gris de sal marina.


(OTRA REALIDAD)
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Mariano Valverde Ruiz (c)