sábado, 25 de marzo de 2017

LA LEY DEL TIEMPO





LA LEY DEL TIEMPO

Marco Anneo Lucano ya lo dijo:
y hasta las ruinas perecieron.
En el siglo primero, el poeta de Córdoba
ya supo que cualquier grandeza es efímera.
El sobrino de Séneca
quiso ser un poeta insigne
y creo su gran mundo de palabras.
La envidia de Nerón le condenó a muerte
y dejó a su elección la forma de morir.
Su obra fue destruida, igual que Roma.
El destino del hombre
es similar al de un imperio.
Las civilizaciones poderosas
son un perfil de sombra
en la casa del cosmos,
una línea que bifurca el tiempo
entre una idea y otra.
Cuando desaparecen, el olvido,
con la tenacidad de un gris mohoso,
va imponiendo su tumba a lo creado.
Su verdad y sus ruinas
se pierden en el cosmos infinito.
Igual sucederá con nuestra vida
y la de nuestra especie.
La ley del tiempo todo lo devora.
Mientras tanto nos queda ir aprendiendo
a sentir nuestro paso humilde por el mundo
como la única obra digna de ser grandeza.


(OTRA REALIDAD)
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Mariano Valverde Ruiz (c)