miércoles, 15 de marzo de 2017

BABILONIA







BABILONIA

Al escribir, la voz rima nenúfares
en osadías zigzagueantes
con el azar esquivo de nuestras sensaciones,
porque Babilonia no es otra cosa
que un infinito juego de azares,
nos advertía Borges.
La forma del concepto alza un viento de dudas
sobre los campos de las imágenes
para escribir el poema de las tardes lluviosas,
y el silencio nos lleva a una encrucijada
en la que falta luz para salir indemnes.
Aparecen ideas sin medida
que son impermeables a la métrica,
expresiones verbales a disgusto con su espacio
que luchan por servir a la memoria.
En ese tiempo gris de confusión,
todo se opone al ritmo del poema.
Pero tras los primeros rasgos torpes
del gesto de escribir ya no hay otra opción
que la de terminar nuestro poema.
La conciencia del ser y nuestras paradojas
siempre están esforzándose
por dar forma el texto
aunque dependa de un juego de azares.
Las palabras nos sirven
para crear un mundo de ilusiones
iluminado por la lámpara
que humedece el aceite del misterio.
En nuestra Babilonia caben todas las voces
de la historia del hombre y sus silencios.


(OTRA REALIDAD)
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz (C)