miércoles, 7 de diciembre de 2016

TRIGALES





TRIGALES


En los años sesenta, trigales y barbechos
cubrían el paisaje del valle que surcaba
cuando iba a la escuela,
el mismo donde ahora
no brillan las luciérnagas.
El horizonte alzaba su fiel nomenclatura
sobre plantas y objetos,
definía el color de aquella luz
con la cara de abril en las entrañas.
El sol y los cereales modulaban sin prisa
las líneas del tiempo.
En mayo, las espigas del trigal
decoraban el aire
con sus penachos de oro.
Desde la cumbre de los cielos,
el sol iba ganando la reyerta
que mantenía el trigo con su aroma.
El levante dormía entre las malvas
para ahuyentar al hambre y a las hormigas.
Cada día era nuevo. Y durante el camino
la sed secaba mi garganta
igual que a una hierba
que crecía con los destellos
del cereal maduro. Era sed de palabras.


(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)