lunes, 25 de noviembre de 2013

EL ÚLTIMO REDUCTO (Versión reducida)





EL ÚLTIMO REDUCTO


Anacleto había tenido un día muy complicado y sólo quería un poco de paz. Su jornada laboral con la empresa de agua clónica había terminado por exasperar su estado de ánimo. No había alcanzado el nivel básico de producción y le habían advertido que a la próxima le rebajarían el sueldo. Esperaba calmarse en su labor nocturna.

Aquella noche, cuando entró en la imprenta de Salazar, no pudo contener su ira al ver que los de la secreta habían puesto todo patas arriba. El pobre impresor estaba atado a una linotipia con los pantalones bajados y el culo manchado de tinta roja.

-¿Qué ha pasado? -preguntó muy alterado mientras corría a liberar al diminuto impresor.
-Buscaban el manuscrito del Quijote, Pero no les he dicho nada.
-¿Te han torturado?
-Es lo que hacen con todos. Me han hecho tragar la moral de Nietzsche y los Diálodos de Platón. Me han acusado de snovismo. Han querido tatuarme una cruz gamada en el pene, pero no han podido porque no había piel suficiente. Y hasta me han amenazado con hacerme ver todos los desmanes que causó el hombre en el siglo XXI. Pero he permanecido firme como la estatua de la Gran Confederación de Multinacionales.
-¿No les habrás hablado de mí?
-Les he dicho que trabajo solo. Además como tú sólo vienes por las noches, no te tienen controlado.
-Mejor. He de pensar una forma nueva de esconder el manuscrito del Quijote. Cervantes no nos perdonaría que el único ejemplar que queda fuese incautado por esos patanes y después destruido en sus calderas de neutrinos.
Salazar se incorporó con esfuerzo. Una vez liberado de sus ataduras, recobró la verticalidad, se subió los pantalones y con voz serena le dijo a Anacleto:
-Hemos de aprenderlo de memoria. Lo trasmitiremos oralmente a nuestros hijos y a los amigos que no sean afines al régimen globalizado. Y que éstos a su vez lo hagan a sus descendientes.
-Sí. Ésa es la solución. Nadie sabe ya ni siquiera lo que aprendió de pequeño. Todos tienen las fuerzas justas para poder trabajar, aprender el protocolo de sus puestos e irse después a dormir después de pasar por la ordeñadora, esa máquina aséptica que nos saca el semen todos los días para someterlo al proceso de selección anticultura. 

De repente se escuchó un golpe seco en la puerta. Después, una voz metálica y fría, se expandió como una ola de amianto por las paredes de la imprenta. Anacleto y Salazar se desvanecieron lentamente, y quedaron tendidos en el suelo.

-Los sospechosos han sido neutralizados. El acusado y su cómplice están a disposición de la corte suprema de la Gran Confederación de Multinacionales.



Ésta es una versión reducida del relato. Hay una versión completa para el libro Las sombras del paraíso.
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RELATOS BREVES
Mariano Valverde Ruiz (c)