lunes, 25 de abril de 2016

EL QUINTO CAMINO de Jesús Cánovas Martínez






EL QUINTO CAMINO
Jesús Cánovas Martínez
Novela
Tres Fronteras Ediciones (2016)

Jesús Cánovas Martínez (Hellín, 1956), catedrático de filosofía y poeta de larga trayectoria, debuta con El quinto camino (Tres Fronteras Ediciones, 2016) en el mundo de la novela, y lo hace con una obra profunda y reflexiva, escrita con gran maestría, de prosa intensa y cargada de significados, en la que nada es superfluo.
Una mujer sumida en una profunda crisis existencial, madre de una niña y esposa abnegada, reflexiona sobre su vida. Vive en una ciudad del sur de España atrapada en sus creencias y en sus obligaciones: cuidar de sus padres, de su hija y de su marido. Ve cómo parte de sus sueños se han evaporado y medita sobre su presente y su pasado, explorando los resortes de su alma femenina para dejarse llevar por las garras del desencanto.
A lo largo de las páginas, la protagonista rememora su vida juvenil, el amor, la declaración de su marido, su infancia, la primera comunión… Nos muestra un escenario narrativo en el que se ensalza la belleza de la ciudad de Murcia, el mundo interior de la mujer y las complejidades de la relación con su esposo. El autor nos hace reflexionar sobre la vida y la muerte con una prosa rica y profunda, de alta densidad conceptual, en la que resaltan pasajes de marcado lirismo.
Las intimidades de El caballero y la dama de sus pensamientos se van desgranando poco a poco en pasajes intensos. En unas ocasiones se acercan al éxtasis sensual y cósmico; en otras, los temas son la crisis de pareja, las dificultades de la convivencia, el cumplimiento de las obligaciones del trabajo y sus consecuencias, los sueños y sus interpretaciones, la maternidad, el mapa del cielo, el triángulo esposa, esposo, hija, la armonía o el miedo a la muerte. También están presentes los cambios en la vida que trae un hijo, las características de la mujer embarazada y la racionalidad de la madre frente al mundo, a veces onírico, del padre.
El tema principal es el amor: cuando un hombre y una mujer se aman, tiemblan los cimientos del mundo nos dice el autor. Y así, El quinto camino, es el camino del amor, de la espiritualidad, filosofía en estado puro, una búsqueda existencial basada en el pensamiento de Mouravieff (filósofo ruso). Un camino iniciático, de conocimiento de sí mismo y de confluencia con el otro. Un sendero que enlaza amor, muerte, Dios, mística y esoterismo, donde el autor demuestra sus amplios conocimientos filosóficos y astrológicos.
A lo largo de esta reflexión sobre el amor, la relación y el matrimonio, nos sorprenden algunos pasajes en los que la depresión cuestiona los pilares de las creencias más arraigadas, páginas que transmiten una sensación opresiva, el mundo se hunde y sólo queda el maná de los recuerdos para agarrarse a la vida.
El escritor debe hablar de lo que conoce, dice la máxima de aquellos lectores que aprecian los textos que dejan huella. Y eso es lo que hace Jesús Cánovas, aplicar su potencial narrativo a los temas que conoce y que además inquietan a los lectores ávidos de conocimiento. El hombre y la mujer como seres espirituales están situados en el centro de la acción, conforman una novela en la que lo menos importante es el argumento, y lo que verdaderamente cobra sentido es una profunda visión del mundo y de los seres humanos frente a Dios y a sus propias experiencias.
En definitiva, con El quinto camino, Jesús Cánovas nos regala una novela proteica, de emociones condensadas, con un tono poético que eleva el valor del lenguaje, una novela que indaga en las complejidades del ser humano, una reflexión sobre el amor y la muerte, sobre Dios, la mística y el esoterismo. Una obra de obligada lectura para los amantes de la belleza en la palabra escrita.

Mariano Valverde Ruiz ©




lunes, 18 de abril de 2016

UN PAISAJE DIFUSO







La luz adquiere tonos de ceniza
sobre la etapa añeja de los primeros años,
configura un paisaje de sombras afiladas
por las necesidades. Los ocres estivales
se fundían con los sienas del otoño
dando paso a inviernos de almendras y tocino
que acababan soñando en primavera
con verduras silvestres. Los colores
se repetían junto al denso humo
que manchaba de hollín la chimenea.
No envidiaba otras cosas porque no las había.
Entre luces y sombras se configura un marco
de límites difusos: el paisaje del valle
donde compartí tierras de barbecho
con la necesidad de traspasar las nubes.
Hoy todo permanece en una nebulosa
en la que soy incapaz de distinguir
los perfiles del niño que vivió aquellos años.
La memoria permite el deterioro
de lo que fue alegría o sufrimiento
dejando simplemente una mueca de vida.



(La intimidad del pardillo)
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz (c)


MISIÓN IMPOSIBLE






Cuando escribo estas páginas
los años se derraman por las venas
igual que frutos rojos de una granada abierta,
uno a uno, van cayendo entre matojos
como la vieja sangre que pierdo cada día
intentando aprender a no morir en vano.
Nada queda del fluido
que recorrió mi cuerpo
durante aquellos años
en que la vida era un enredo infantil.
¿Cómo puedo acercarme a la inocencia
cuando es otra sustancia
la que llevan mis venas?
¿Cómo recuperar los pensamientos
de aquella candidez ingenua?
Evocar la inocencia de quien fui
cuando ya se ha perdido
la esencia del concepto
será casi imposible,
pero voy a intentar acercarme a ella
con la luz tamizada del silencio.
Por eso escribo con nostalgia
que el mundo terminaba con los montes
que observaban mis ojos.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)

miércoles, 13 de abril de 2016

PROPÓSITO








Rememoro la edad de la inocencia
para cauterizar
las heridas del alma
y respiro la brisa del recuerdo
con voluntad de pájaro.
Una parte del aire
reconforta y oxigena.
La otra mitad cuestiona las vivencias
con la valiente voz de las palabras
que la fascinación
por el conocimiento
fue transmitiendo al ritmo de la vida.
Aquel niño ingenuo
tan sólo era una página
completamente en blanco
en la que otros harían garabatos
hasta que yo pudiese comprenderlos.
Hoy doy fe de que las palabras
han izado del suelo a aquel niño
para que observe toda la verdad
y pueda perdonar a quienes le ofendieron.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)


EJERCICIOS DE TERAPIA







Mi carácter de libre pensador
y el rumor de las voces escuchadas
me han aconsejado
que en mitad de la vida
hilvane la madeja de los hilos del tiempo
para que no se pierdan sus extremos.
Por eso considero cada nuevo recuerdo
como si fuese el último suspiro
que enlaza las visiones del presente
con aquella virtud del niño ingenuo
que vivió las primeras emociones
sin tener consciencia de ello.
Y con ese ejercicio intento superar
el dolor provocado por los hechos
que tuve que afrontar, sin ninguna defensa,
durante muchos años.
Hay palabras y poemas que envuelven
el lacerante azote psicológico
de lo entonces incomprensible
y lo dejan a la intemperie:
convierten el dolor en tejido del verso
y lo echan a volar para que sea dicha.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)



martes, 12 de abril de 2016

DIÁLOGO CON LA BRISA







Ahora que estoy cerca de mis raíces
percibo en mi costado la caricia del viento:
es una brisa añeja con formas infantiles
que toma cuerpo mientras le hablo.
A pesar de saber que es muy difícil
que la extraña figura y mi presente
podamos comprendernos, escucho su salmodia.
La brisa del pasado
interpreta modernas melodías
con arpegios de júbilo,
fluye, asciende y desciende,
nace y crece en la luz,
es ala de libélula morando los recuerdos,
se aproxima a la raíz
del personaje que fui o quise ser
y me cuenta su historia.
La brisa y yo intentamos construir con nuestro diálogo
una imagen distinta a la que soy,
un viejo fotograma
al que añadimos tonos grises
para ser consecuentes con la realidad
que nos tocó vivir aquellos años.
Y aunque nos entristezcan los recuerdos,
no renunciamos a nuestros orígenes,
igual que cualquier planta.
Las raíces son muy distintas a las hojas
y más aún a los frutos,
pero nunca hay cosecha si se arrancan del suelo.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)


PUNTO DE PARTIDA







Estoy de pie, parado al borde del camino
que lleva hasta la tierra de mi abuelo,
frente a la casa donde nací un día
en que el agua de octubre
se derramaba sobre los tejados.
Miro hacia los paisajes donde viví mi infancia,
la tierra donde antes crecieron los almendros,
maduró la cebada, pastaron las ovejas
y cantaron los jilgueros canciones de esperanza.
Mi memoria regresa a la edad de la inocencia,
un viaje sin encuentro ya posible
entre los elementos del paisaje
y la figura gris que está observando
la evidencia del tiempo consumido.
Y los recuerdos buscan la presencia
de un niño tras los árboles,
intentan renovar la imagen simple
de quien no conocía la maldad
ni la lepra mezquina que genera en el alma
de los que la practican sin saberlo
y de aquellos que sufren sus negras consecuencias.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)

lunes, 4 de abril de 2016

RECUERDOS DE INFANCIA







En esta biografía de la infancia,
el viento va siguiendo el laberinto
que la memoria deja a merced del recuerdo
y alimenta la voz que quiere desgranarse
como duna infinita
sobre la blanca nieve del papel.
Ese aire es un lápiz incoloro
que dibuja la imagen de la vida
junto al Mediterráneo
en el mapa rural de los años sesenta.
La memoria del tiempo traza el gesto vital
de un pequeño ignorante
que investiga el paisaje de los campos,
que observa las fronteras de los cielos,
que se aproxima al ritmo de su mente.
Sobre la superficie del papel
quedan los restos de una casa vieja
que tuvo sus ventanas
completamente abiertas a las necesidades
y sus puertas cerradas al oro del cariño.
También quedan escritos los deseos,
la magia de las sendas trazadas en las nubes,
el misterio del cosmos
y los sueños perdidos junto al mar,
las montañas, los campos, lo imposible.
Las palabras respiran el oxígeno
de su propio planeta, son vaho que retorna
a la infancia, esa patria que contiene
el aire escatimado a la inocencia
por los viles ladrones de la realidad.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)