martes, 8 de marzo de 2022

DESDE EL JARDÍN ROMANO

DESDE EL JARDÍN ROMANO

 

 

La mañana posee la ternura

de un sol tibio y sereno

que acaricia el paisaje

donde descansan los jardines

con motivos romanos

cerca del laberinto de cipreses.

 

Hoy no va a contemplar

los almendros en flor que trae enero

con sus últimos días,

ni va a observar el color blanco

que reviste sus pétalos

con el símbolo de la paz,

ni va a mirar los brotes nuevos

con que el tiempo regala

la luz de la pureza

al árbol que nutrió su infancia

con la textura de sus frutos.

 

Hoy no se siente con la fuerza necesaria

para asumir el sufrimiento

que la vida le puso por delante,

ni va a hurgar en las raíces

del dolor que ha sentido,

ni siquiera va a mostrar su orgullo

por haber resistido a las tormentas

de la voracidad del tiempo.

 

Hoy, tan solo quiere pedir

a su imaginación

que haga crecer, en una tierra virgen,

la semilla perenne de un almendro

del que nazca la luz

como una fuente iridiscente

con los colores de la vida.

 

Hoy quiere alimentar ese almendro

con la fuerza de sus palabras

para que de sus brotes

nazca una flor

con la bondad de la esperanza.

 

Y dejará para mañana

la recolecta de sus frutos

para que sirvan de alimento

a quienes aman la belleza.


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PLAYA DE LOS NARDOS

PLAYA DE LOS NARDOS

 

 

Octubre va dejando

caer las hojas de los días

en el cesto del calendario

igual que las nubes de otoño

derraman esas gotas de agua

que necesita la tierra

para que destellen las luces

en los romeros y en los nardos.

 

La luz atraviesa las nubes

y maquilla la arena

con el color de la nostalgia

en una tarde gris de claroscuros

que parece rendirse a los recuerdos.

 

Hay una templanza triste

que armoniza el paisaje

con los colores del misterio

en las hojas de las plantas silvestres.

 

La edad de la memoria

crece en la mirada de su alma

y sobre la energía creadora

de toda la naturaleza

que duerme en los arbustos.

 

Su vida también es otro otoño

que ya ha dejado en la tierra

el furor del verano

y su savia energética.

 

Los colores de su existencia

ya han cambiado

las tonalidades de los días

igual que lo han hecho

los arbustos silvestres

que matizan la playa

con sus brazos al aire.

 

Su luz añora los destellos

de la juventud perdida,

también las ilusiones

de una madurez esforzada

que ya es parte del pasado,

o los sueños que no ha cumplido

porque la realidad no le ha dejado

una licencia poética

con la que alterar el destino.

 

Sin embargo, aún conserva

esa alegría que ofrece la vida

cuando permite escuchar

el murmullo del tiempo

entre las rocas y sobre la arena

como un bálsamo de esperanza.

 

Ahora, su luz y la del otoño,

van dejando caer los días

en un cesto sin fondo

donde desaparece la memoria

de todo cuanto fue,

igual que las nubes del cielo

cuando llega la noche más profunda.


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lunes, 7 de marzo de 2022

CABAÑA DE SOCORRISTAS

CABAÑA DE SOCORRISTAS

  

 

El viento de levante alza las olas

que llegan a la orilla de la playa

igual que un pastel de merengue

erizado por la existencia

y la virtud del aire.

 

Está sentado sobre las maderas

que hay al pie de la cabaña

donde los socorristas

mantienen las mañanas del verano

con banderas azules

y consejos de arena.

 

Intenta poner su atención

entre las ondas de la espuma

y sus ojos se pierden en el blanco

de las profundidades más remotas

donde viven las dudas

sobre el origen de los hombres.

 

Se pregunta si el mar

es el origen de la vida

que conocemos en la Tierra,

si es nuestra cuna

y nuestra última morada.

 

En el puesto de socorristas

no hay nadie que le ayude

a resolver sus dudas.

Está solo frente al enigma

que la ciencia no le descubre

con absoluta certeza,

y la fe no le aclara sin secreto.

 

La vida le ha enseñado

a ser escéptico

para no ahogarse en las sombras

que provoca la ignorancia

y la ceguera del alma.

 

Así debe seguir

durante el resto de su vida:

cuestionándose la verdad

y agarrándose a su intuición

como a una madera vetusta

para poder seguir a flote

por si no hay socorristas en la costa

que le salven de su inocencia.


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lunes, 21 de febrero de 2022

A LA ORILLA DEL MAR

A LA ORILLA DEL MAR

 

 

El aire acaricia la arena

con la misma ternura

con la que mesa sus cabellos.

 

Pasea por la orilla de la costa

con la templanza bajo el brazo

y la memoria en la mirada.

 

Observa las espumas de las olas

y sus lenguas de cisne

recostándose entre las piedras

como delicados amantes.

 

Distrae a su imaginación

construyendo galaxias

con los blancos dibujos

que dejan los salitres

en el rostro salvaje de la tierra.

 

Permite que se pierda su mirada

entre las ramificaciones

de los arbustos

como un argonauta del tiempo,

que camine buscando a los insectos

igual que lo hacía en su infancia

para buscar entre las zarzas

una oportunidad para la vida.

 

Recuerda un día de noviembre

muchos años atrás,

en el que, en el mismo lugar

donde ahora descansa,

observaba las olas

asociando su movimiento

a la fuente de la energía

que aún necesitaba para seguir luchando.

 

Ahora mira hacia el azul

para dibujar entre sus tonalidades

un universo propio.

 

Casi todo confluye con la calma

que generan el aire,

el pulso de su corazón,

la dinámica de las cosas

y la armonía del paisaje.

 

Todo está en su sitio

como en una canción

que armonizase el aire.

 

La arena de la costa,

los salitres de estrellas,

los lunares de arbustos,

la orilla del camino,

los esfuerzos de toda su existencia

y los insectos de las zarzas,

parecen susurrarle a su memoria

que la bondad y la templanza

han vencido a todas las adversidades.


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martes, 15 de febrero de 2022

EL MIRADOR DE LA ENTREVISTA

EL MIRADOR DE LA ENTREVISTA

 

 

Está acomodado en un banco

del mirador de La Entrevista

igual que un vigía del tiempo.

 

Tiene frente a sus ojos

la alfombra azul del mar Mediterráneo

y el horizonte del espacio

donde la luz toma significado.

 

Apenas hay una leve brisa

acariciando el agua

como lo hicieron los barcos de madera

en la lejana antigüedad

del Mar de las Culturas.

 

Su mente se traslada a otros tiempos

para observar, en ese mismo azul,

los veleros fenicios,

cartagineses o romanos,

los invasores del Medievo

con turbantes de arena,

y las hordas piratas

que comerciaban con la vida

en los siglos pasados.

 

Imagina el color de los escudos

que portaban los hombres

que surcaron las aguas de esta costa

camino de las poblaciones ribereñas

para adueñarse de su luz.

 

Piensa en las expresiones de los rostros

de quienes defendieron

la belleza de este lugar

y su propio alimento

a cambio de sus vidas.

 

Observa el horizonte

mientras brilla en sus ojos

la certeza absoluta

de que estas aguas atesoran

la esencia de la Antigüedad,

la verdad del esfuerzo,

el valor de la vida

y el espejo del cosmos

donde se nutre la cultura.

 

Cuando mira hacia el mar

parece transformarse en otro hombre

que se sintiese en paz

con la belleza del paisaje

y todos los aromas de las plantas

que acompañan a sus recuerdos

hasta fundirse en el Mediterráneo.

 

En la mirada de este hombre

no pasa el tiempo

con la secuencia de una vida

llena de sacrificios.

Tan solo

se mezclan los recuerdos

de lo que fue

y de lo que pudo ser

con la metafísica del espacio.

Mientras, la luz del mar busca su nombre.


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ATARDECE EN TERREROS

ATARDECE EN TERREROS

 

 

Cuatro luces solares

dan tonalidades chill out

a las pequeñas hojas del romero

que crece en su jardín

como fiel testimonio

de la tierra salvaje que se asoma

al balcón del Mediterráneo.

 

En las esferas de cristal

que protegen la luz de los misterios,

se mezclan los colores

de las fantasías del mundo

con los reflejos lánguidos

de un atardecer metafísico.

 

Hay una extraña calma en el aire

que da volumen de templanza

a los instantes de la tarde

que van camino del crepúsculo.

 

El tiempo ya posee

esa misma serenidad

que inunda su interior de orgullo

por el deber cumplido

tras muchos años

de lucha permanente.

 

Al igual que la tarde,

su vida está acercándose

a ese tiempo enigmático

donde las luces y las sombras

entrecruzan sus brazos

para estrechar el cerco a la existencia.

 

Y por eso su tiempo es de oro,

como la luz del cielo

cuando nace en un nuevo día

que puede ser el último.

 

Le quedan muchas cosas por hacer

y busca, en los reflejos de las luces

sobre las hojas del romero,

toda la energía del cosmos

para poder seguir creando

mientras las fuerzas no le falten.

 

Entre tanto,

una gaviota cruza el cielo

camino de la costa

como un poema en vuelo

que buscase refugio

entre las comisuras

del aire vespertino

y el relieve del cabo

donde se alzan los muros

del castillo dorado de Terreros.

 

Esa gaviota del crepúsculo

se lleva con su vuelo

los tonos de las luces chill out,

el pausado misterio de la tarde,

la opacidad del tiempo,

todos los años de lucha silente,

la verdad de su vida

y la metafísica del poema

que escribirá en las hojas del romero

como un legado al mundo.


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sábado, 18 de diciembre de 2021

CALLE VIENA

CALLE VIENA

 

 

Hay una calle en Mar de Pulpí

donde la luz se duerme entre el aire.

 

Su suelo de adoquines

con los colores de la tierra

llega desde los montes

del litoral almeriense

y se adentra hasta el mar

buscando en sus contornos

el horizonte azul

donde todos los sueños

trastocan la realidad

con su gasa de luz

y sus dedos de tinta.

 

Hay una silueta detenida

al extremo de la calle

que parece flotar entre la sombra

de un esbelto ciprés

y la dorada luz del sol poniente.

 

El hombre del poema

tiene la sensación

de que todos los adoquines

por los que ha transitado

a lo largo de su existencia,

confluyen en la calle

cuyo final se mimetiza

con los colores del Mediterráneo.

 

Recuerda aquellos años

de inocencia absoluta

en que no conocía nada

de la vida y del mundo,

en los que su ignorancia

le mantenía al margen

del dolor y de la realidad.

 

Rememora cuando creía

que el mundo terminaba tras los montes

que ponían frontera a sus ojos.

Entonces no sabía

que al otro lado de esos montes

que ahora tiene a su espalda,

había un mirador hacia el origen

de la historia del mundo,

una ventana abierta hacia el pasado,

a la cuna de la cultura

que hoy alimenta sus pasiones.

 

Vienen hasta su mente

las terribles imágenes

de todas las adversidades

que ha afrontado con esfuerzo

para vencer a la miseria,

al dolor descarnado,

al frío desconcierto

que provoca la vida,

y a las trampas que halló

en su largo camino

hasta llegar a ser un hombre nuevo.

 

Revive los senderos divergentes

en los que la existencia

le obligó a decidir

por dónde encaminar

el peso de su sombra

y sus anhelos de esperanza

hasta un futuro donde pudiese ser él mismo.

 

Y también llegan hasta su memoria

todas las veces que deseó

poder encontrar un lugar

donde pudiese dar su versión de las cosas

sin pedir nada a cambio,

donde poder crear con libertad y con criterio,

un lugar sin fronteras

desde donde donar al mundo

una brizna de belleza

con el color de sus palabras.

 

Ahora ve posible

poder cumplir su sueño

desde la calle Viena.

 

Contempla el horizonte

que tiene ante sus ojos

como una inmensa alfombra

abierta al final de la calle

donde el cielo es la luz del agua

y el agua un brillante reflejo

del cosmos infinito

que un día albergará

el mensaje de sus palabras

y su último aliento.


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