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jueves, 6 de agosto de 2026

Paisaje

 


No importa el lugar donde vivas. En casi todos los paisajes se puede ser pájaro, es posible amar al aire y a la virtud del vuelo. La voz puede alzarse como una saeta y viajar hasta donde alma y mente se funden en un abrazo. El cielo toma la forma de una senda. Así son los caminos, incluso los que no parecen más que una sombra difusa tras el árbol de los años.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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martes, 4 de agosto de 2026

Deseo

 


El mar es una ola. El azul es una gota de agua. La playa es un grano de arena. Todo es hoy y ahora. La belleza habla de amor por la vida. El deseo es la magia que mueve el mundo. No existe el infinito más allá de ti. Lo eterno tiene tu cara. Quisiera ser mar, azul, playa, vida, magia, infinito y eternidad en tus ojos.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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viernes, 31 de julio de 2026

Nadie calle

 


Cada atardecer trae un misterio. La luz del crepúsculo es una gitana del Albaicín. Se escuchan los pájaros cantar al ritmo de taranto. La Luna sale con los colores del poeta de Granada. Hay un lamento que estremece el alma. El eco de los fusiles aún resuena en el barranco. Y el misterio de la tarde escribe el verso inacabado de Federico: Que nadie calle hasta que el alba me despierte.

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domingo, 26 de julio de 2026

Espejo

 


El estanque refleja el cielo mientras pasa con la cadencia del tiempo. Intenta describir lo que ve. Es como un pintor realista en su pura esencia. Pero es incapaz de interpretar lo que el cielo dispone. Las nubes cambian de forma como las cosas humildes. Lo hacen para sacar provecho a su anatomía. Todo lo que ves estuvo en la imaginación de quien pintó el cielo en el agua de una charca y luego lo hizo realidad.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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sábado, 25 de julio de 2026

Pesadilla

 


Hubo pasos sin huellas, fotos de desconocidos, imágenes encontradas en un rincón, tapadas con trapos viejos. Hubo espejos con grietas, miedos antiguos, silencios oscuros, instantes sin salida, silbos de un viento que se lo llevaba todo. Y yo era un niño sin nada a lo que agarrarme, salvo mi voluntad por aprender.

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jueves, 23 de julio de 2026

Los hijos

 


Quise hacer con ellos lo que nadie hizo conmigo: darles la voz de la experiencia, advertirles de los riesgos de no escuchar a quien ha sufrido el mal de la ignorancia. Góngora decía: "Las palabras, cera; las obras, acero". Se refería a que las palabras son frágiles y se quiebran pronto, pero las obras perduran. Espero que ellos lean mi ejemplo y que, con su experiencia, no descubran que tenían que haberme escuchado más de lo que lo hicieron.

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miércoles, 22 de julio de 2026

Artrosis

 


Cada amanecer trae un suspiro bajo el color del horizonte. La sombra deja paso a la luz. Se impone la canción de los pájaros sobre el silencio. Y el tiempo, ese truhan de la eternidad, me hace notar el dolor de la artrosis cuando intento escribir. Lo que sentí con el abrazo de la noche quedará en el olvido. Para siempre.

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jueves, 16 de julio de 2026

Paciencia

 


Hay que tener paciencia ante el ruido, esperar a que se escuche con claridad lo que hay detrás. Y actuar con determinación contra la mentira. Si no es posible acabar con la barbarie, recordad que los cisnes emiten un canto hermoso antes de morir. Lo dijo Platón. Hoy lo recuerdo mientras pierdo la mirada al otro lado del horizonte.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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martes, 14 de julio de 2026

Dos viejas almas

 


La vida es hermosa cuando la compartes con alguien a quien no le importa que vuelvas a ser niño. Aprendes a leer de nuevo, escuchas a quien no sabe y a quien está de vuelta de todo. Vives el silencio bajo un cielo de lino y miras a las estrellas buscando la que une a dos viejas almas. Tienes en tus manos a la eternidad.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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lunes, 13 de julio de 2026

Ser libre

 


¿Qué significa ser libre? Decidir sobre certezas o intuiciones. Escapar de la opresión, de las imposturas, de las noticias falsas... Solo el alma es libre. Desde sus raíces se eleva sobre todas las cosas para besar el cielo con los labios de la verdad.

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domingo, 12 de julio de 2026

Un instante

 


Un instante de lucidez, solo uno, y seremos conscientes de que todo es sueño. Recordaremos lo que nos dijo Calderón de la Barca y temblaremos como una flor de buganvilla en su vuelo hacia el suelo.

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jueves, 9 de julio de 2026

La felicidad

 


La felicidad es un estado difícil de definir. Como todo lo bueno, la disfrutamos sin preguntarnos qué es. Está en las cosas simples, en aquellas que tienen poco valor material. Es un estado del alma, algo que necesita de muchas palabras para acercarse a un concepto explicable. Perseguimos ese sentimiento a lo largo de nuestra vida y tan solo alcanzamos algo que se parece a la felicidad en contadas ocasiones. Y convertimos en algo casi eterno ese instante en que rozamos el cielo con el alma.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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Primer plano

 


La cámara que enfoca la vida muestra el primer plano de las cosas. Nos presenta los paisajes con realismo. Va dando noticia de aquello que tenemos delante. Nos describe lo que realmente importa. Pero no nos damos cuenta de ello. A menudo nos perdemos en los rincones de lo intrascendente. Y, mientras tanto, la vida se nos escapa, se va acercando rápidamente al último fotograma de nuestra existencia.

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miércoles, 1 de julio de 2026

Memoria y árbol

 


Memoria y árbol 

La luz cae sobre el árbol como una gasa de seda. A la sombra del árbol, la hierba mantiene las caricias del sol. El rojo carmesí de las flores posee todo el esplendor de la vida. Los pétalos de esas flores caerán pronto en el olvido. Como las hojas del árbol. Igual que muchas de sus ramas. Quedarán las raíces y no por mucho tiempo. Cualquier árbol se parece a la memoria. Son los caprichos del tiempo quienes deciden lo que queda, lo que se recuerda, y lo que se comparte como un regalo de la naturaleza.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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La luz y el color

 


LA LUZ Y EL COLOR 

La luz y el color están unidos. Sin la luz el color no ama los sentidos. Ellos mantienen un amor eterno. El aire los contempla asombrado. La luz se entrega al color como una diosa a su amante. El color sabe sacar de la luz su cara más hermosa. Entre ellos hay un pacto inconfesable. Nadie puede conocer lo que piensan. En su silencio está el misterio de la creación.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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jueves, 18 de diciembre de 2025

NIEVE

 

NIEVE

 

Tal vez tuviese tan solo cuatro años cuando vi nieve sobre la tierra por primera vez. No estoy seguro de la edad, pero recuerdo la sensación que me produjo aquel hecho extraordinario y nada común en los parajes de mi infancia. Era un blanco inmaculado, un símbolo de pureza, algo de una belleza inigualable. Sin embargo, no todo lo blanco en un color. Blas de Otero lo sabía, no porque escribiese versos, sino porque sentía más allá de lo que expresaban sus palabras, o más allá de lo que entendían quienes leían sus textos. Hablaba de que los árboles volverían a brillar, de que los pies desnudos volverán a pisar los arroyos que llevan el agua de la libertad. E imaginaba que, al otro lado del río de la vida, las amapolas lucen sobre la tierra fértil donde lo blanco fue nieve y no una piel manchada por la codicia, el odio o la miseria. Todo parece diferente cuando la poesía vuela sobre las cosas, entonces las convierte en símbolos y en presencias que acompañan a los sueños y los acercan a una realidad social más tolerable. Y así, cada color adquiere una nueva dimensión. Se convierte en el espacio que interpreta nuestra forma de ver las cosas con un sentido más ético.

 Mariano Valverde Ruiz (c)

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ABEJA

 

ABEJA

Parece algo insignificante pero no lo es. Tiene la importancia de lo auténticamente necesario. Hay una mínima luz en el instante en que una abeja vuela alrededor de una flor. En los pétalos se refleja el color del amanecer, las hojas de la planta y las vibraciones de las alas con que el pequeño insecto horada el aire. Quiere beber en la flor y en su naturaleza para saciar la sed con que el mundo espera su milagro. La flor tiembla. Su galanteo estremece al aire. Se enciende el brillo nacarado de la luz. Se escucha el zumbido de las alas. Hay un gesto urgente en las patas del insecto. Y se hace presente una eternidad que sueña con ser abeja junto a la flor de la vida. Todo parece como un sueño. El deseo de alguien que quiere volar. La ilusión de quien agita sus alas para alzarse sobre las cosas. Es una nueva aventura, una forma de escapar de la realidad asfixiante que le atrapa. Y los ojos de un niño se van tras una abeja, siguen su vuelo, observan la pericia con que reta al aire para mantenerse sobre la belleza. Y quieren imitarla.

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miércoles, 17 de diciembre de 2025

MISTERIO


 MISTERIO

 

Hay un misterio en la flor del almendro que busca el aire cada febrero. Esa flor viene a la luz desde las raíces, huye de un invierno que aún está presente y amenaza con sus frías madrugadas, y con sus cuchillos de escarcha. Esa pequeña flor es un corazón secreto, el alba del fruto, la vibración de la tierra, una melodía que busca la luz para ser pura presencia de la belleza. Los ojos recorren las imágenes que llegan a la memoria, son el recuerdo del almendro en el blanco rosado de los pétalos. El misterio sigue presente en cada flor, en cada instante en que la luz se muestra esquiva sobre la seda de los pétalos. Tal vez sea el reflejo de una antigua mirada sobre los almendros que se alzaban junto a los caballones que delimitaban los bancales, aquellos árboles que adelantaban la primavera junto a las acequias, los que daban sombra a las acelgas, a las retamas y a los hinojos. Durante unos días, daba la impresión de que las nubes habían bajado a la tierra y coqueteaban con las ramas. Luego, el tiempo jugaba con el aire y se producía el milagro de los frutos. Había que esperar al siguiente año para que de nuevo se mostrase el enigma que guardaba el aire cada febrero.

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PRIMEROS PASOS

 

PRIMEROS PASOS

 

Desconozco el lugar exacto donde di el primer paso sin ayuda de nadie. Tal vez fuese en el interior de la casa donde nací o en la placeta de tierra que había en la puerta de la vivienda. Qué más da. Lo cierto es que aprendí a caminar antes de intentar alzar el vuelo. Esa es la verdad. Y cuando cuentas lo que ves con tu verdad por delante, no has de preocuparte por recordar lo que hiciste o lo que dijiste cuando diste el primer paso. Lo cierto es que habrá un renglón de tu caligrafía en el cuaderno de la historia donde se diga que caminaste. Y también que venciste al miedo, que pensaste y que hablaste para que te escucharan. Con el ejercicio de la palabra irás acercándote hacia una paz que busque la poesía, la indagación y el valor de tus pensamientos. Y, aunque no puedas volar durante algún tiempo, tu verdad hará posible que no sea necesario elevar las alas hacia el dominio del aire para que tengas conciencia de ti mismo. Entonces, tus huellas en la tierra tendrán la consistencia que el peso de las palabras produce en el suelo. Hoy, la memoria me lleva hasta aquella placeta de tierra junto a un camino que se perdía en un horizonte donde reinaban las pitas y las chumberas. Más allá estaban el campo, la sierra, el canto de los gallos y, sobre todo, el silencio. Un silencio enigmático que tardé muchos años en comprender.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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COMO UN CUENTO


 COMO UN CUENTO

 

Con letras, puntos y comas se describe una casa, un campo, un paisaje sediento, un arrecife imaginario, se viste de hojas a un bosque, se imita el vuelo de un pájaro y hasta es posible levantar del suelo el ánimo maltratado por la realidad de un pobre contador de historias. Chéjov habría dicho de esa voluntad creativa que tienen las letras una frase convincente, algo así como que cada rasgo que deja la pluma sobre el papel es un surco en la tierra de la estepa. Y ya se sabe que, si tras arar la tierra no se siembra, de poco sirve el trabajo. Por eso siembro la memoria. Intento recordar y no encuentro las palabras precisas para describir cómo era la casa donde nací. Tal vez estaba formada por un dormitorio, un salón al que daba la puerta de entrada y una cocina con chimenea. También había una escalera que subía a las cámaras donde se guardaba el grano, la portezuela del palomar y las cuadras. No había aseo. De las paredes colgaban candiles. Tres pequeñas ventanas servían para ventilar y ahuyentar la oscuridad de su interior. Las paredes eran recias, estaban levantadas a base de piedras ensambladas con argamasa, barro, arena y yeso. Además de guarecer de la lluvia, servían para aislar del frío en invierno y del calor en verano. Junto a la casa había un porche y un aljibe. Y así seguiría añadiendo detalles como si de un cuento se tratara, pero estaría decorando una realidad simple y austera.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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