jueves, 9 de julio de 2026

La felicidad

 


La felicidad es un estado difícil de definir. Como todo lo bueno, la disfrutamos sin preguntarnos qué es. Está en las cosas simples, en aquellas que tienen poco valor material. Es un estado del alma, algo que necesita de muchas palabras para acercarse a un concepto explicable. Perseguimos ese sentimiento a lo largo de nuestra vida y tan solo alcanzamos algo que se parece a la felicidad en contadas ocasiones. Y convertimos en algo casi eterno ese instante en que rozamos el cielo con el alma.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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Primer plano

 


La cámara que enfoca la vida muestra el primer plano de las cosas. Nos presenta los paisajes con realismo. Va dando noticia de aquello que tenemos delante. Nos describe lo que realmente importa. Pero no nos damos cuenta de ello. A menudo nos perdemos en los rincones de lo intrascendente. Y, mientras tanto, la vida se nos escapa, se va acercando rápidamente al último fotograma de nuestra existencia.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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miércoles, 1 de julio de 2026

Memoria y árbol

 


Memoria y árbol 

La luz cae sobre el árbol como una gasa de seda. A la sombra del árbol, la hierba mantiene las caricias del sol. El rojo carmesí de las flores posee todo el esplendor de la vida. Los pétalos de esas flores caerán pronto en el olvido. Como las hojas del árbol. Igual que muchas de sus ramas. Quedarán las raíces y no por mucho tiempo. Cualquier árbol se parece a la memoria. Son los caprichos del tiempo quienes deciden lo que queda, lo que se recuerda, y lo que se comparte como un regalo de la naturaleza.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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La luz y el color

 


LA LUZ Y EL COLOR 

La luz y el color están unidos. Sin la luz el color no ama los sentidos. Ellos mantienen un amor eterno. El aire los contempla asombrado. La luz se entrega al color como una diosa a su amante. El color sabe sacar de la luz su cara más hermosa. Entre ellos hay un pacto inconfesable. Nadie puede conocer lo que piensan. En su silencio está el misterio de la creación.

Mariano Valverde Ruiz (c)

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martes, 23 de junio de 2026

'JAZMINES EN EL AGUA' POR ANTONIO ORTEGA


 ‘JAZMINES EN EL AGUA’ POR ANTONIO ORTEGA

 

Reseña del libro de Mariano Valverde Ruiz publicada en La Verdad el 22 de diciembre de 2025

 

‘Jazmines en el agua’ es una sorpresa al encontrarnos con una novela romántica, con todos sus atributos folletinescos y pseudohistóricos, ambientada en la geografía rural de Lorca y fechada su historia en la segunda mitad del siglo XVII, Guerra de Flandes y peste bubónica incluidas. Pues esa es la alquimia del escritor lorquino Mariano Valverde la que transforma la oscura y poco conocida historia de la formación de las pedanías lorquinas de La Paca y Doña Inés en un fascinante cuento de amores prohibidos y ambiciones caballerescas.

La trama romántica es artífice de toda la historia, pues el apuesto hidalgo Gonzalo Musso Muñoz, de procedencia de una familia de alta alcurnia de Caravaca de la Cruz, se convierte en heredero de extensas tierras en el norte de la ciudad de Lorca, delimitadas por los ríos Luchena y Turrilla y protegidas por las sierras de la Culebrina y el Cambrón. Y en ellas encuentra a una bella aldeana, de nombre Francisca, mas adelante la Paca, que lo deslumbra con su belleza y desparpajo. Sus obligaciones como prohombre de ilustre linaje le marcan otro destino en el terreno inhóspito de las rígidas convenciones sociales aplicadas a su clase social, esto es, debe buscar esposa entre la alta sociedad lorquina. Y en esas aparece doña Inés, de los García de Alcaraz de Lorca, excelente partido que permite enlazar dos apellidos importantes de la comarca.

La rivalidad amorosa de dos mujeres de muy distinto origen encenderá el fuego de las pasiones y también el riguroso cumplimiento de las normas sociales y la moralidad de clase impuesta por la iglesia, con la Inquisición al servicio de ocultos intereses. Las dos mujeres tendrán muy diferente rol, cada una deberá decidir según su estatus. Serán dos mujeres y un destino. En un doble escenario, en la ciudad de Lorca y en las tierras altas de la comarca.

La ambientación histórica recrea los detalles de vestimenta y trato, de usos y costumbres propias del mundo rural. El estilo narrativo mezcla la descripción de los espacios abiertos, la vida en el campo pendiente de las tierras y la labor de la agricultura en cada una de las estaciones, y el cuidado del ganado, en medio de un paisaje cuya naturaleza salvaje da rienda suelta a las pasiones y pone en jaque las decisiones. Decisiones que habrán de asumir sucesivamente los herederos a lo largo de cada generación hasta nuestros días,

 

Antonio Ortega ©


miércoles, 3 de junio de 2026

DANTE EN EL SIGLO XXI


DANTE EN EL SIGLO XXI

Un hombre camina junto a los cipreses y su simbolismo ancestral. Va por una senda que tiene a ambos lados los colores de la Toscana. Es un hombre que sabe bien lo que significa el tiempo. No tiene constancia de lo que es el miedo a la muerte. Eso es algo que perdió hace más de setecientos años. Parece un alma en pena que recorre los vericuetos del Purgatorio. Camina con un pie inclinado hacia el último círculo, el más profundo, donde espera Lucifer, y el otro pie, el que le lleva a la Gloria, levemente inclinado hacia el límite etéreo del Paraíso. Piensa en las circunstancias de su vida y medita sobre si era posible poder hacerla de otro modo.

El año 1265 y el año 1321 separan el trascurso de su vida en la tierra de la belleza y de los conflictos entre familias. Fueron, relativamente, pocos años, pero fueron suficientes para desarrollar su voz como poeta, su pensamiento como filósofo, su astucia como político y su valor como soldado. A lo largo de la historia han quedado muchas de sus facetas documentadas por otros, y algunas, las más íntimas, las guarda en su interior celosamente, como un tesoro de valor extraordinario. Solo la eternidad las juzgará. Recuerda una frase que él mismo acuñó para explicar su vida: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

La tierra de los colores ocres, los matices del paisaje donde los verdes juegan con los amarillos y los naranjas rivalizan con la luz del crepúsculo, fue el territorio de sus andanzas y de sus ficciones. Aprendió a hablar en un dialecto toscano que luego elevó a un idioma italiano que porta el mármol de Roma y llega hasta nuestros días. Y en esa lengua compuso la mayoría de sus obras. Le vienen a la memoria algunas de ellas: ‘Il convivio’, ‘Vita nuova’ y, sobre todo ‘La divina comedia’, su obra más significativa.

Escribió su obra fundamental en tercetos encadenados. La dividió en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Dividió cada parte en treinta y tres cantos. Puso en acción a tres personajes: Dante, con quien daba referencia y fundamento al hombre; Beatriz, quien encarnaba la fe; y Virgilio, que representaba la razón. Quiso de este modo dejar clara la importancia simbólica que le daba al número tres.

Hoy, la obra de Dante Alighieri no es un fósil literario sino un espejo incómodo de la modernidad. Tras siete siglos, su obra representa los extravíos morales de la sociedad. La naturaleza humana sigue intacta. No ha avanzado mucho en su camino de perfección. Muchos autores se han influenciado de sus ideas a lo largo de la historia. Baste recordar en el mundo de la pintura a Boticelli o a Dalí; en arquitectura, al Palacio Borolo en Buenos Aires; o en literatura a Montale, Eliot, Borges, Boudelaire, Matilde Asensi… La vigencia de su obra es llamativa. Acaso porque habla de uno de los mayores retos que tenemos: elegir entre el bien o el mal.

A través de un viaje alegórico por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, Dante ofrece una crítica sobre la corrupción, la justicia o la moral. Se pueden ver reflejadas las crisis éticas de la actualidad. La estructura de cono invertido con que presenta su obra hace posible que el castigo sobre las conductas no adecuadas vaya aumentando con la profundidad.

El infierno es la parte más vigente si comparamos su hábitat con el de una era digital e hiperconectada que trastoca todos los proyectos personales. Los círculos donde se castiga la avaricia, la violencia, la hipocresía, el fraude, son de tremenda actualidad. Se reflejan en las desigualdades, el consumismo, la corrupción política, las noticias falsas, la manipulación tecnológica… Y tantas otras cosas a las que asistimos con cierta indiferencia.

La búsqueda de la redención en el Purgatorio y el ascenso al Paraíso ponen de manifiesto la necesidad de reflexionar y de intentar mejorar nuestro comportamiento. La inmediatez y la necesidad de encontrar el éxito rápido, nos condicionan. Dante señala que la verdadera transformación requiere purificación, amor y conocimiento. En su obra, Beatriz es símbolo de fe y virtud. Es la guía para superar el individualismo.

El viaje de Dante invita a una reflexión individual y colectiva, a moderar los vicios y las pasiones, a no echar más leña al fuego interior, a nuestro propio infierno. El poeta y filósofo italiano fue capaz de crear una obra que lleva al pensamiento en tránsito desde la Edad Media al Renacimiento, construyó un espejo donde aparecen las luces y las sombras del hombre. Y eso es consustancial a la naturaleza humana.

El hombre que camina por la Toscana lo sabe. Lleva muchos años sabiéndolo. Pero aún no conoce si su destino final será el Infierno o el Paraíso. Mientras tanto, como deberíamos hacer todos, el hombre que pasea cerca de los cipreses medita si ha de elegir entre el caos y la oscuridad o el camino de la ética y la humanidad. Y en ese dilema seguirá durante muchos años.


Mariano Valverde Ruiz ©


   

 

sábado, 23 de mayo de 2026

PLATERO Y JUAN RAMÓN

 


PLATERO Y JUAN RAMÓN

Los ojos de Platero distinguen lo que algunos ignoran. La mirada del pequeño y peludo asno no ve al poeta universal que ha trascendido sino al hombre íntimo, sensible y melancólico que encontró refugio en su amistad y en la naturaleza que los rodeaba.

Platero no juzga, acompaña en silencio la auténtica verdad del poeta, despoja de máscaras a un ser vulnerable, amante de la belleza efímera. Ve cómo conectan los pensamientos más profundos de un hombre contradictorio con la autentica esencia de la tierra andaluza. Sol y flores, sombra y destino, van de la mano. Cada uno de esos conceptos se adentra en la paz del poema y en la virtud de la palabra escrita.

El borriquito siente un cariño especial por el hombre que lo acompaña, el que le habla pensando que no lo comprende, el que le confiesa cosas que a otros no contaría, el que comparte sus naufragios y sus pequeñas victorias. Platero nota las caricias sobre su lomo y el tacto de la mano que escribe sobre su piel los versos de la luna. También comparte las uvas monastrell y los higos morados como si fuesen el tesoro de los siglos que ha llegado hasta ellos por obra y gracia de la tradición y la necesidad.

Los ojos de Platero son como espejos de azabache, no reflejan a un señorito andaluz, solitario y taciturno, sino a un compañero de aventuras, un confidente que le cuenta sus tristezas y reflexiones, un cautivo de la bondad y el misterio.

Juan Ramón es parte del entorno de Platero. El poeta es un ser que aspira a disfrutar del color de las flores y a discernir entre los recovecos de la luz del crepúsculo. Poco a poco, Platero va descubriendo a un hombre que rechaza la hipocresía y busca la pureza en lo más simple de las cosas.

A veces, Platero ve reír a Juan Ramón con un cascabeleo diamantino que alivia del dolor vital. Lo percibe como un hombre que vuelve a la inocencia perdida, que valora su amistad incondicional, esa que no necesita palabras para poder comprenderse en lo más íntimo de la naturaleza humana. Platero, que no es un personaje sino una proyección hacia el mundo, valora la presencia y empatía del poeta que habla con los animales. Ve a Juan Ramón Jiménez en su versión más humana, más pura y eterna.

Platero tiene en mente dos fechas: 1881 y 1958. Son los años que enmarcan la vida de Juan Ramón, los que señalan el nacimiento y muerte de un Premio Nobel de Literatura. Moguer (Huelva) y Puerto Rico le han visto respirar. La Guerra Civil también vio alejarse a Estados Unidos al poeta que intentaba ganarse la vida en otros países con cierta libertad. Su mujer lo sabe. La mujer que fue su amor y su apoyo constante. La mujer que sufrió en silencio sus cambios de humor y sus depresiones. La mujer a quien debemos ‘Diario de un poeta recién casado’ (1917), un texto que supone un antes y un después en la poesía española. Ese libro es el registro de un viaje a Nueva York para casarse con Zenobia, es el nacimiento de la poesía desnuda y la entrada a la modernidad del verso. Su depuración formal, la combinación de poemas en verso y en prosa, la presencia de aforismos y fragmentos de diario, lo convierten en un libro excepcional. Pone en comparación a la metrópolis frente al océano, que es otro gran protagonista. El mar es símbolo de eternidad y de pureza. El libro descubre una capacidad poco común de trasformar lo cotidiano en experiencia metafísica. Su legado es la base sobre la que se edificó la Generación del 27.

El pequeño asno no olvida que los poemas de Juan Ramón transitan tres etapas: sensitiva, intelectual y verdadera. Tampoco olvida que en él vio el símbolo de la ternura y la compañía, el amigo que comprende, el confidente silencioso. Lo hizo partícipe de la soledad, la crítica social ante la pobreza, la inevitabilidad de la muerte. Y compuso un canto a la vida y a la naturaleza que es, después de la Biblia y El Quijote, uno de los textos más traducidos.

Platero sabe, mientras mira el horizonte de Huelva, que el texto escrito por Juan Ramón Jiménez es la expresión más elocuente de la prosa poética escrita en el siglo XX. Pero no da por hecho que todos los amantes de la literatura lo conozcan, por eso se atreve a recordarlo a traces de las páginas que se leen en la nube de silicio, ese territorio inconcreto que llamamos internet, y que no se parece a unos ojos negros y profundos como los que miran a Juan Ramón cuando el sol rompe el velo del alba.

 

Mariano Valverde Ruiz ©