martes, 10 de noviembre de 2020

PERDIDOS EN EL CAMINO

 

PERDIDOS EN EL CAMINO

 

 

Los caminos de las palabras

poseen múltiples senderos

que flotan en el aire

como voces unidas

a la vorágine del tiempo.

 

Esos caminos se llenaron

de obstáculos, de abismos,

de trampas soterradas

y de desolación,

durante la época más fría

de la decadencia del bosque.

 

Hubo poetas jóvenes

que se opusieron a los signos

marcados por los tiempos.

 

Algunos se marcharon hacia el Tíbet

con mochilas del Tao

y calzados de estrellas,

tiñeron sus cabellos

con azafrán de Luna

o pretendieron alcanzar

los reinos de la noche

en las faldas del Himalaya.

 

Otros se negaron a ver la luz

que irisa las palabras,

se ocultaron en las cosas domésticas,

en las necesidades más mundanas,

en la dependencia del miedo

o en la tristeza.

Y a pesar de ello,

intentaron sentirse los dueños del presente,

como esos cisnes de metal

que nunca mueren.

 

Al final, tanto unos como otros,

se olvidaron de los caminos

que flotan en el aire,

perdieron la visión estética

de la realidad

o adoraron a dioses de cerámica.

Y se convirtieron en seres

que viven esperando a su destino.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

Todos los derechos reservados.


 

 

domingo, 8 de noviembre de 2020

LOS VIEJOS POETAS

 

LOS VIEJOS POETAS

 

 

Para los antiguos poetas,

expresar sentimientos

era su auténtica forma de estar vivos

y no estaba mal visto por la gente.

 

Contar lo que pensaban

bajo la luz del tiempo

se convertía en toda una aventura.

Era sentir cómo crecían

los pelos de la barba

en una tarde de tormenta

o esperar el dorado resplandor de los dátiles

mientras meditaban sentados

bajo la sombra

de una vieja palmera.

 

Sus miradas tenían la amplitud

de aquellos horizontes

que brillan más allá

de las sombras del mundo.

 

Sus palabras atesoraban

parte de la experiencia

transmitida a lo largo de los siglos

y la profundidad del alma humana.

 

Ellos siempre esperaban

a que las ideas tomasen forma

en el interior de sus mentes

para sacarlas a la superficie

con un mensaje comprensible

y lleno de sabiduría.

 

No era muy común, pero, a veces,

se realizaba el milagro

y la luz se mostraba generosa

con su oscuro interior.

 

Entonces, como algo único,

la secuencia de las palabras

acercaba a las cosas

al designio de la verdad,

y la memoria del universo

temblaba entre las páginas

e iluminaba al mundo.

 

Sin haber pretendido descubrir

casi nada de lo que consiguieron,

los antiguos poetas

fueron chamanes de la magia

que muestra en los objetos

y en las dificultades de la vida

la verdadera luz que nos define

como una especie digna

de seguir habitando en el planeta.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

Todos los derechos reservados.

 

 

UNOS Y OTROS

 

UNOS Y OTROS

 

 

Durante más de cuatro décadas,

una sombra grisácea

envolvió los paisajes de los bosques

sin que la luz pudiese

detenerse en los ojos

de quienes amaban los versos.

 

Y muchos asumieron que no podían ser

completamente libres

para poder crear sus poemas.

Renunciaron a todo

y se perdieron en la bruma.

 

Algunos lo intentaron

porque las palabras llamaban a sus puertas

con la insistencia

de la necesidad por decir algo

que les ubicase en el mundo.

 

Unos habían sido labradores,

hijos de la pobreza

y de la esclavitud,

pero aprendieron las palabras

con las que aproximarse a todo lo que sentían.

 

Los hubo con coraje

para hurgar en lo abstracto

y burlar la censura,

o para denunciar las injusticias

y luchar por su dignidad

desde otros territorios.

 

Otros nacieron en familias

con recursos sobrados

para poder decir lo que quisieran

y no poner en riesgo su futuro.

 

Tanto unos como otros,

tenían enormes diferencias

que unieron las palabras

y su necesidad de comunicación.

 

De una forma u otra,

todos ellos querían estar comprometidos

con la realidad de su época,

poner pies al tiempo

y camisa al espacio

para hablar de la vida,

de la naturaleza

y de la condición humana.

 

Pero casi ninguno se atrevió

a dejar volar todos los pájaros

que habitaban en su alma.

 

Todos sabían

que un dragón de siete cabezas

se comería los pies del tiempo,

la camisa y la vida

de una generación entera.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

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domingo, 1 de noviembre de 2020

LAS TRADICIONES

 

LAS TRADICIONES

 

 

No parece que importe demasiado

a los líderes del bosque,

conservar las antiguas tradiciones

que hicieron longeva a la especie.

 

Se olvidan de las huellas de los hombres

en las esquinas de los siglos.

aquellas que animaban

a conversar serenamente

a la sombra de un árbol

sobre las cosas secretas del alma,

a escuchar con respeto

a los ancianos de la tribu

dando consejos sobre la existencia

o a buscar entre la naturaleza

los signos de las estaciones.

 

Solo les interesa perpetuar sus costumbres

y las sombras de sus siluetas.

 

Se despojan de la verdad

al fondo de las simas

donde guardan la arena

con la que reconstruyen sus efigies

cada vez que el viento las tumba.

 

Pintan el cielo con sus manos

y quieren parecerse

a los mitos alzados por la historia.

Solo desean ver su dorada figura

ensalzada en el tiempo.

 

Nada ha cambiado con los siglos.

Quienes están arriba

se olvidan de los que siguen abajo.

Es una tradición

de la condición humana.

 

Y es posible que sea así

hasta que la mirada cenital

de un sol anciano

deje de enfocar hacia nuestra Tierra

y el abismo se ría de nosotros.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

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POBRES ILUSOS

 

POBRES ILUSOS

 

 

Muchos consideraban

como pobres ilusos

a quienes dedicaban sus esfuerzos

a pintar con palabras

los perfiles de la belleza.

Y entre los más nombrados

por la gente sencilla,

había quienes preferían

que les robasen su oro,

su dignidad y su alma

antes que los poemas.

 

Con sus composiciones,

cargadas de magia y lirismo,

creían que podrían conseguir

recuperar su hacienda,

su nombre y su autoestima,

volver a tener en sus manos

todo lo que perdiesen

por la senda del verso.

 

Por eso siempre iban buscando

las formas de la diferencia

antes que unos poemas

que, en el fondo, sonasen

como los de otros.

 

Pero los hados no fueron propicios

para quienes lo fiaron todo

a la luz de sus versos,

ni para aquellos que narraron

su experiencia con ritmo,

ni tampoco para aquellos

que oscurecieron su mensaje

en favor de la diferencia.

  

Con el devenir de los años,

todos se asemejaron

a unos pobres ilusos

que buscaron a la belleza

en el baúl de las palabras.

 

El viento se llevó

un olor de algas verdes

del quicio de sus miradas

y el color de la Luna

que dormía en sus ojos.

 

Se perdieron todas las ilusiones

más allá de las dunas

que cubrieron sus huesos

con las arenas del olvido.

 

Y allí quedó enterrada

la esencia de los mares,

la verdad de los hombres

y el espíritu de la creación.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

Todos los derechos reservados. 

 

 

sábado, 31 de octubre de 2020

LOS COMERCIANTES DE ILUSIONES

 

LOS COMERCIANTES DE ILUSIONES

 

 

En las profundidades de los bosques,

habitaron algunos comerciantes

de las luces y de las sombras

que lo intentaron todo

por lograr sus anhelos

antes de ser ceniza y humo.

 

Hubo quienes buscaron lo imposible.

Adoptaron para sí mismos

la ignorancia de otros,

la convirtieron en sabiduría

y la ofrecieron en mercados

que ya estaban en quiebra cultural

por tanto discurso vacío.

 

Algunos consiguieron éxito

y la argucia se extendió sin control

por todos los mercados,

como el fuego en la selva

de un planeta reseco.

 

Entonces, como grandes vertebrados

que desafían a sus dioses,

se alzaron sobre sus extremidades,

miraron hacia el cielo

y quisieron comprar la eternidad.

 

Fue en vano.

El tiempo no perdona

a los usurpadores de palabras

y dictó su sentencia

sin recurso posible.

 

Les faltaban monedas

para poder comprar

el compromiso estético del alma

y también valentía

para poder dar a los versos

los mensajes del mundo dolorido

y de los hombres con conciencia,

esos que nunca tienen precio

más allá de la muerte.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

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ADELANTADA A SU TIEMPO

ADELANTADA A SU TIEMPO

 

Aquella mujer no era distinta a las demás.

Igual que todas,

quiso soñar despierta

y poder despertar en otro cuerpo,

formar parte de otra realidad,

vivir en otro tiempo

más cercano a sus inquietudes,

un tiempo más comprometido

con la igualdad entre hombres y mujeres.

 

Soñó con ser partícipe

del beneficio que disfrutan

los dueños del planeta.

 

Soñó con poder mitigar

en su mirada verde

las sombras más oscuras.

 

Se vio reconocida en el respeto

a sus formas de ser y de sentir,

enlazó sus deseos

con su linaje de concordia,

su sentido materno

y su estatura de grandeza.

Pudo sentirse una mujer amada.

 

Pero el sueño cambió las formas

de una sociedad ideal,

retuvo sus anhelos

y le mostró que nada se consigue

sin haber luchado por ello.

 

Le enseñó que la tierra sigue viva,

los ríos arrastran el limo

de todos los humanos

y su agua purifica

los nuevos territorios

que marcan el futuro,

esos que necesitan

que tanto hombres como mujeres

tengan el mismo sitio junto al fuego

que reconforta al mundo.

 

Y despertó siendo ella misma,

con sus defectos y virtudes,

con la certeza de seguir luchando

por realizar sus sueños

y la necesidad

de continuar en el esfuerzo

por defender su lugar en el mundo.


MARIANO VALVERDE RUIZ (c)

Todos los derechos reservados.