lunes, 10 de febrero de 2014

SIN ESCAPATORIA (Versión blog, Parte 9)


9

Inocencio pasea como un loco por la habitación donde trabaja. Habla solo, es consciente de que nadie le escucha. Tampoco tiene quien le dé la razón, ni quien le rebata sus opiniones. Las personas que trabajan en el mismo estudio hace horas que terminaron su tarea y el último en salir le dejó las llaves para que cerrara. —¡Miseria de vida!— exclama. Y continúa llenando las paredes con las ondas expansivas de sus palabras.
 —A veces las cosas parecen complicarse por cuestión de brujería. Y las brujas existen. ¡Ya lo creo! Alguien me dijo una vez que somos un rebaño cuyo destino está en manos de las brujas. Y aseguraba que las brujas comienzan a amamantar los corderos desde pequeños con leche que mana directamente de la teta de la ignorancia. No les interesa que piensen mucho para que no se salgan del rebaño. Después les dan un pienso a base de pan de conformidad y sometimiento. Mientras siguen creciendo les aleccionan, condicionan y predestinan. También les van poniendo un original concepto de libertad como escudo para sus flaquezas: es una coraza de falsedades que todo lo ampara y acoge, un instrumento más para el control del rebaño. Las brujas lo hacen en defensa de los que verdaderamente tienen libertad y absoluta impunidad para conseguir lo que desean, que no son precisamente los corderos. Paralelamente a esas acciones deliberadas, y siempre en nombre de la sagrada libertad, las brujas mandan callar al que se oponga a la vida que les regalan, o al que discrepe con los cuidados de las meigas. Y si todo esto no fuese suficiente, entonces  las brujas siempre señalan a la oveja negra del rebaño con el dedo acusador. El resto de los corderos quedan listos para el sacrificio y para el comercio de sus almas inocentes. Eso sí, se hace todo con mucha benevolencia por parte de las favorecedoras de hechizos y los corderos más necesitados son objeto de la caridad de los que pueden permitírsela. Y a estos últimos, que son la mayoría, se les da a elegir  entre los productos más económicos del supermercado, para que no digan que no pueden ejercer su libertad. ¡Qué cosas!...
El doblador de películas cierra los puños y sacude la cabeza.
—¿Y si la vida fuese así? ¿Y si el equivocado fuese yo? Me rebelo. Vaya enfado estoy cogiendo yo solo. Marlén dice que este mundo está hecho así, que no hay forma de cambiar nada. Que sólo nos queda el recurso al pataleo.
Se relaja y das dos vueltas sobre sí mismo igual que hacen algunos de los personajes animados que dobla cuando van a transformarse.
—¿Y si me hubiese hechizado una bruja? Recuerdo que una vez tuve un sueño en el que una bruja me decía que haría en la vida algo señalado por lo que obtendría una cadena de oro que sería mía durante treinta años…
Inocencio se pasa la mano derecha por la frente como si estuviese secándose un sudor inexistente. 
—Creo que empiezo a necesitar una cerveza. Miro la posición de las agujas de mi reloj de pulsera. Lo hago primero de soslayo como si fuese uno de esos corderos que antes aparecían en mi pensamiento y después de frente y con firmeza, con la tozudez de una oveja negra. Es ya muy tarde para comenzar a doblar de nuevo. Pero aún no es demasiado tarde para terminar la jornada sin horario que tengo cada día. Sin horario reglamentado… Que es hasta que pueda, hasta que mi garganta aguante. ¡Miseria de vida!
En la obra del poeta inglés, las brujas de Shakespeare advirtieron a Macbeth de parte de los hechos que le iban a suceder. Inocencio anhela encontrase con una bruja que también le advierta a él de su destino. No se da cuenta de que la vida ya lo ha hecho. Y que tal vez también le hayan advertido las circunstancias de su vida sobre las escasas posibilidades que posee de mejorar su futuro, pero él aún no quiere reconocerlo.
—¿Será Marlén mi brujita? No, ella no me haría daño.
Inocencio piensa que entre las magias de las brujas está la facultad de profetizar y de saltar en el tiempo con la facilidad con que lo hace una mota de polvo por el aire. Por tanto, cree que en cualquier momento se va a ver frente a ellas, y que su presencia va a cambiar el destino que tiene asignado. Inocencio sufre de una alucinación momentánea. Ve en la pared la silueta de una figura oscura bebiendo lo que parece ser un cuenco con sangre, su propia sangre. Y aunque su mente vuela hacia los territorios inexplorados de los sueños, sin embargo, aún le quedan algunos destellos de cordura:
—Lo que importa es hoy y es ahora —, se dice—. ¿Dónde estará mi Marlén?
Ha pasado casi todo el día encerrado en la habitación donde trabaja. El tiempo sigue decantando las gotas inaprensibles del tedio. Pero no es así exactamente cómo se siente. Su estado es una mezcla de cansancio, aburrimiento y hastío. Tiene la percepción de estar en un callejón con pocas salidas.
—¡Miseria de vida!
En un arrebato de mal humor decide ir terminando la tarea de hoy. Ahora va a parar el motor del proyector, a cerrar el sistema del ordenador, a desconectar los enchufes de la mesa de mezclas. Y finalmente va a mandarlo todo a dónde los aromas no son precisamente los del jazmín, el galán de noche, los limoneros, o las rosas del huerto de su infancia.
Su mente no descansa, sigue activa, no puede desconectarla como ha hecho con todos los instrumentos eléctricos. Inocencio se vuelve a preguntar qué decía el gato Mico. Reflexiona sobre cómo era el trasfondo que había en aquellas palabras.  No olvida la sensación que tuvo al escucharlas hace un rato. Y le vuelve a bombardear el cerebro el soniquete de la frasecita dichosa:
—Ya no queda de qué hablar. Eso será, pienso yo, si no queremos enfadar a nadie, que no es bueno tener enemigos. Ya se sabe: haz amigos que los enemigos vienen solos. Y además uno nunca entiende por qué.
Busca la botella de agua y bebe un trago.
—Claro que queda de qué hablar. Las cosas no son hoy iguales que ayer. Es verdad que los temas son los mismos de siempre, que sólo se presentan con algunas variantes. Para los actores, hablar del tiempo y su inexorable paso, del amor, de la muerte, o de la experiencia, es nuestro signo definitorio. También lo es transmitir la información de los sentimientos, el hastío, el vértigo, y tal vez, la esperanza. Un actor tiene que hablar de todo lo que concierne al hombre. ¿Qué nos dirían los griegos si no lo hiciésemos?¿Dónde están las raíces de nuestra cultura?
Inocencio recuerda los orígenes del teatro clásico.
—Hoy parece que hemos olvidado de dónde venimos y cuál es el origen de nuestra cultura. Y sería bueno que recordásemos nuestros orígenes. Y no seamos tan soberbios.
Vuelve a beber agua.
—Creemos saberlo casi todo pero aún seguimos preguntándonos qué es el amor. Yo también me lo pregunto cuando pienso en Marlén. Y dudamos. Quizá amar sea dar sin esperar nada a cambio. No lo tengo claro, ¿qué sería yo sin recibir nada de Marlén? Tal vez amar sea recibir el legado inmaterial de lo que hemos dado. O quererse a uno mismo en la naturaleza de los otros. O entregarse a los demás y complementarse en ellos…
Respira pausadamente.
—No sé. ¡Hay tantas posibilidades de entender el amor como seres vivos andamos por este planeta! Y el entorno también condiciona. Ahora vivimos en una sociedad cada día más excluyente, menos favorecedora para que se desarrolle la comunicación sincera y para que se produzca el encuentro íntimo; las personas tienen más dificultades para que se pueda consolidar el amor de verdad.
Inocencio considera todas las distracciones que nos roban el tiempo necesario para dedicar lo mejor de nosotros al amor.  

—Hoy el sexo cibernético rinde pleitesía a la soledad. La celeridad del tiempo y el ritmo vertiginoso de nuestras vidas, provocan que el amor y la procreación también sean aplicaciones informáticas, o experimentos de la genética en vidrio, elección a la carta del color de ojos y del género de los descendientes… o vaya usted a saber qué nos traerá el futuro. Y no hemos pensado en la ética de la clonación, ni en sus consecuencias. ¿Dónde se va a quedar el verdadero contacto entre dos almas complementarias? Algunas de estas cosas y otras semejantes, se las comento a Marlén de vez en cuando, y ella me dice que estoy equivocado, que debo confiar en lo que ha sido siempre parte de nosotros, que nada podrá sustituir a los sentimientos, ni el ordenador más futurista. Por cierto, tengo que llamarla. No sé dónde andará esta noche. Y cada vez me están entrando más ganas de verla.


CONTINUARÁ...

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FUERZA MAGNÉTICA




Observo en el espejo
dos cuerpos enlazados.
Me acerco al magnetismo de la imagen
para encontrar en ella
una parte de nuestra verdad más deseada.
Mientras suena la música del disco,
subimos hasta otras dimensiones
por la escalera roja de los besos,
vemos donde no llegan nuestros ojos.
El contacto del deseo y la razón 
seguirá siendo impulso 
para mirar los límites del cosmos,
una fuerza magnética
reservada tan solo para cómplices.


(El  fuego del instinto. Ed. Vitruvio)
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domingo, 9 de febrero de 2014

SIN ESCAPATORIA (Versión blog, Parte 8)



8

Sabina sigue siendo el dueño de la música del  local. Su colección de grandes éxitos suena sin descanso en la Tasca de Erik. En el rincón donde Marlén y Jeromo están sentados parece no escucharse el sonido de la música ni el mensaje de las palabras que canta Joaquín.
—Escucha con mucha atención —dice Jeromo.
Marlén, amedrentada por el tono agresivo del antiguo novio, le mira con los ojos caídos y después deja que su mirada entre en la espuma de la cerveza mientras se dispone a escuchar lo que intuye será muy difícil de cumplir.
—Me he informado sobre la familia de tu palomito. Y ya que él no tiene liquidez para darme lo que necesito creo que tendrá que pedir prestado a su familia. He descubierto cosas muy interesantes. Resulta que sus padres tienen una fortuna en inmuebles. La mayoría de ellos están alquilados a entidades del gobierno. Y otros rentables aparcamientos de pago situados cerca de grandes zonas de negocios. Vamos, que están forrados. Así que…
—Qué esperas. ¿Que sus padres le den el dinero? No creo. Él se independizó. Tuvo problemas con ellos. No tienen buenas relaciones porque sus padres no aceptan el camino que ha tomado. Sus padres querían que fuese abogado para que, entre otras cosas, llevase los negocios de la familia. Él renunció a la carrera para dedicarse a lo que le gusta: la interpretación. No les pedirá nada, su orgullo se lo impide. Ni ellos se lo darán, porque lo considerarán inaceptable.
—Tendrá que conseguir el dinero. Ya lo verás. Ahí entras tú en juego.
—¿Yo?
—Sí. Le vas a contar una historia. Una historia muy verídica. Le dirás que estás en peligro de muerte. Que un antiguo amigo te persigue y te ha amenazado con matarte si no le entregas 100.000.- euros en compensación por una ofensa que le causaste al denunciarlo a la policía por un asunto de tráfico de drogas. Le dices también que ese amigo tiene planes para hacerte desaparecer en una caldera llena de sosa cáustica y convertirte en pastillas de jabón. Que te lo ha dicho y que te da un plazo de veinticuatro horas para que consigas el dinero.
—Pero yo…¿Cómo voy a decirle todo eso?
—Las mujeres tenéis argumentos de peso. Unas lagrimitas. Un poco de interpretación. Tú sabes. Eres una actriz. No te será complicado fingir un poco de miedo y de angustia.
—¿Y si decide que vayamos a la policía?
—Pues le dices que no puedes, que ese amigo tiene amigos muy eficaces, y que no dudarán ni un momento en liquidarte si a él le detienen.
—Eres un maldito canalla.
—Ja, ja, ja. Vamos, princesita. No me digas esas cosas. Somos socios no. Tú también te beneficiarás del negocio. Resolverás tu futuro con un trabajo que te viene que ni pintado. ¿Qué más puedes pedir? Y…
—¿Y qué?
—Que además te tendré cerca para darte lo que te gusta. Para ponerte los ojos fuera de las órbitas. Para follarte como la perra que eres y que nadie más que yo sabe hacer…Ja, ja, ja.
—¿Y si él no se lo cree?
—Se lo creerá. ¿Te quiere, no?... Pues entonces no querrá perderte y buscará todas las posibilidades para conseguir el dinero. Removerá cielo y tierra si es necesario.
—Has dicho que le darás 24 horas. ¿Y si no es tiempo suficiente?
—Tú me mantendrás informado. Ya veré yo si he de aumentar el plazo. O apretarte las tuercas a ti. Y aflojarle los pantalones a él. Que eso sé hacerlo yo muy bien. ¿Verdad, princesa? Tú ya sabes…
—No te atreverás a tocarle…¡Maldito cabrón! No te atreverás. Él…él…él…
—Huy, no estarás enamorada, palomita. Ja, ja, ja. No me lo creo. Ja, ja, ja.
—No tienes derecho a hacerle daño. Él me ha tratado como nadie hasta ahora lo había hecho, y…
Jeromo da un puñetazo en la mesa y coge a Marlén por los brazos apretando con fuerza hasta que aparece en su rostro un gesto de dolor. El rufián la mira con ira muy fijamente a los ojos. Entonces le habla con una voz contenida, vocalizando y acentuando cada palabra de forma exagerada, como si de la lectura de una sentencia se tratara.
—Vas a hacer lo que te he dicho sin rechistar. Y ojo con lo que haces o dices sobre este tema. Te estaré vigilando. Tú no sabes la cantidad de amigos que tengo. El comercio de la coca te hace relacionarte con gente insospechada, de ésa que tiene vidas aparentemente inmaculadas. Un comentario fuera de tono a alguien que crees que no me conoce, y…Si me llega a mí cualquier señal de que vas por el camino equivocado… Estás lista. Eres un fiambre convertido en jabón. Princesa. Y sería una lástima desperdiciar ese cuerpazo que tienes.
La sensación de angustia iba en aumento en la mente de Marlén. Estaba casi congestionada. Le costaba trabajo respirar. La atmósfera se había convertido en un aire irrespirable, agobiante. En la Tasca de Erik nadie era consciente de lo que se estaba cociendo en la mesa del rincón. En los equipos de sonido de la sala, Sabina hablaba de poesía a ritmo de armónica. Las palabras se cruzaban con las siluetas de los clientes del local igual que saetas sin rumbo, iban como palomas en vuelo a la búsqueda de un palomar propicio para hacer su nido.
En la mesa se había hecho un silencio trágico, casi como los que acostumbran a hacerse en las interpretaciones de las tragedias griegas. Y de repente, Jeromo pronunció las últimas palabras de la cita:

—Esta madrugada te buscaré para ver si has cumplido con tu parte y tu palomito está ya buscando el dinero. Ahora puedes irte. No decías que tenías prisa, que tienes que trabajar esta noche… Y recuerda que te estaré vigilando, que sé dónde vives, en qué ambientes te mueves. Por cierto, ayer vi tu pase en La nuit. Fabuloso.


CONTINUARÁ...

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TOMA MI MANO




Toma mi mano. Ven junto a mi piel.
Mis deseos bordarán toda tu seda
y serás mujer bajo un cielo tibio.
Ven. Bebe de mi boca, fúndete con las olas
que llevo dentro y sé mar cristalino.
Sobre tus aguas puras seré bajel moreno
que despliega sus velas para surcar la dicha
al otro lado de tu húmeda desnudez.
Vivimos a la orilla de los sueños.
Somos lo inevitable:
universo sin límites, sol blanco,
besos que triscan luz, son ella misma.
Vemos todo lo vivo y lo creado
brillando como fiebre ya licuada.
No nos importa cuándo y dónde acabe
nuestra suerte, ni el lecho que guarde nuestras cenizas.
Cuando todo termine,
en ese campo oscuro,
bajo un cielo preñado de altas luces,
habrá un huerto sencillo con nostalgias
donde florecerá la vida nueva.


(El fuego del instinto. Ed. Vitrivio)
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Mariano Valverde Ruiz (c)

SIN ESCAPATORIA (Versión blog, Parte 7)



7

La cinta del video está ya casi rebobinada. Inocencio escucha el chasquido rítmico de la máquina al que le sigue un leve siseo y después se detiene y queda en silencio. Después de recitar a Shakespeare está más relajado. Recuerda con emoción el primer verso: “que la luz no haga ver mis oscuros deseos escondidos”. Asocia esa idea a todo lo oculto tras la aparente inocencia de las cosas. Y el doblador se pone a pensar en el trasfondo de las películas americanas.
 —Lo que más me fastidia de la mayoría de estas películas que nos llegan desde las factorías americanas, con su mensajito subliminal bajo el celuloide, como si no fuese suficiente con los mensajes directos que nos llegan con otras cosas más evidentes, es que nos las tragamos sin advertir lo que nos están vendiendo, como se si tratase de una hamburguesa cuya carne no conocemos. No pienses mal, me dice Marlén. Y últimamente también utiliza esta frase cuando le pregunto por qué llega tarde a nuestras citas, cuando llega, porque ésa es otra. No habrá gato encerrado. Mira que ponerme a pensar ahora en el doble sentido de las cosas.
El estómago se le retuerce y protesta por el largo ayuno, sus fibras se contraen ante la sensación de vacío del interior de su aparato digestivo.
—Creo que ya es suficiente por hoy. Voy a concluir mi jornada de trabajo. Me quedan en la retina las imágenes violentas que tuve que doblar esta mañana. También eran de otra película americana (del norte). Unas imágenes de crueles asesinatos en nombre de los intereses nacionales. A mí, la violencia que ejerce esta potencia imperial, siempre me produce salpullido. Aunque me pasa lo mismo con cualquier clase de violencia. Sea de quién sea. Ya me empieza a picar el cuerpo. Está claro que no tengo la misma piel que los americanos. La mía debe ser de gallina. Coc, coc, cocoricó.
En ese momento el hombre adopta una mueca de asentimiento ante la idea de padecer cierta cobardía, de no tener valor para enfrentarse a los grandes retos, es una sensación puntual que recorre como un escalofrío sus células. Luego se calma y sigue divagando.
—En mi país, España, es diferente. Nosotros no somos potencia y eso que ganamos. España es diferente, dice el eslogan que inventaron hace unas décadas. Eso creo. Aquí el sol es el mismo para todos los mortales. Eso creo. Ese sol lo han disfrutado culturas y religiones distintas. Eso creo. Los hombres han interpretado bajo él, con libertad, sus papeles en el teatro de la vida, ya hayan sido míseros o brillantes. Pero todos fueron papeles auténticos. Dioses y caudillos poblaron esta tierra. Luces y sombras la decoraron. Ángeles y demonios convivieron bajo el sol patrio. Y todo fue maravilloso. Al menos eso creo. ¡Debo estar alucinando! Los efectos del cansancio del día. Marlén diría que bueno, que alguna cosilla que otra habrá sucedido en el suelo peninsular que no desearíamos ver como nuestra, episodios de los que no debamos sentirnos demasiado orgullosos. Huelo a quemado y por alguna extraña asociación de ideas me viene a la mente La Santa Inquisición. En todas partes cuecen habas. Y en mi país a calderadas.
A Inocencio le pasan por la cabeza algunas secuencias familiares. Recuerda cómo por intentar realizar sus sueños de actor no quiso seguir la tradición familiar y convertirse en un acaudalado hombre de empresa. Aquello le costó serias diferencias con su familia que le obligaron a buscárselas por sí mismo.
—Me voy a tomar el resto de la jornada con mucha calma. Debo revisar los guiones para mañana. Estoy aburrido de hacer sonidos de cascos de caballos, diálogos de gatos traviesos con ratones inteligentes, carreras de correcaminos, fechorías de conejos y otras maravillas.
Respira con profundidad y levanta las cejas. Luego ojea el trabajo para el día siguiente. Y mientras, con las uñas posadas sobre la superficie de un trozo de madera, rasga alternativamente produciendo la metáfora de la carcoma. También hay una carcoma que le corroe por dentro: su ambición por ser un actor reconocido. Por ella estaría dispuesto a tantas cosas... Respira otra vez y sigue leyendo el guión. Dice, entre líneas, que el gato Mico, protagonista de la historia, expresa con voz elocuente y gesto altivo:
—Ya no queda de qué hablar.
La sentencia se le queda grabada en la mente y reflexiona sobre ella.
—Esa frase me recuerda la forma de expresarse de algunos doctorados en desilusionar a los jóvenes valores que se aferran a su ambición y a sus interpretaciones como si en ello les fuera la vida. Los pobres párvulos van a someter al criterio del entendido los frutos de su trabajo. Luego escuchan las sentencias de los sabios, expuestas con mayestática gravedad, dando su veredicto sobre lo que está bien o lo que está mal. Lo hacen desde su visión de la creación, desde la ignominia de su miseria cegadora y desde la envidia más vergonzante. Fusilan sin remordimientos a aquellos que tienen ideas nuevas, trasgresoras y diferentes, a los que se atreven a ir más allá de los cánones establecidos, a los que poseen una imaginación desbordante o tienen valor para denunciar lo denunciable, algo que a ellos hace mucho tiempo que les falta. Son mezquinos o son presa del acomodo y la cobardía. Menos mal que de ésos hay muy pocos y que la mayoría sabe reconocer lo que merece la pena ser llevado a la escena ante el sagrado público.
Inocencio coge el agua y bebe un trago mirando al techo de la habitación.
—Esa frasecita tiene su miga incrustada entre letra y letra.
A Inocencio le pica la curiosidad y pone en la pantalla la secuencia del gato Mico. La pasa en varias ocasiones. La va deteniendo fotograma a fotograma. La observa con cautela. Se siente identificado y realiza, a la vez que mira las imágenes, una sutil comparación con lo que ya ha vivido. Sale de la abstracción y con asombro comprueba que es verdad, que al dejar la imagen del minino fija en uno de los fotogramas, en ése en que su pose es altiva y casi regia, se parece a otros felinos que ha conocido, o más bien, que ha sufrido. Entonces asocia su imagen con la de ésos que se empeñan en atrofiar las mentes de los inocentes, con la de ésos que vierten cubos de basura llenos de falsas promesas sobre quienes les aclaman, con la de ésos que se ríen por dentro mientras les vitorean cada cuatro años.
—¡Dios bendiga la democracia! ¡San Tarsicio de aquí me leo, bendiga la literatura! ¡San “topamí” bendiga el teatro de la vida!
Vuelve a beber agua y se seca los labios con la mano.
—Ya no queda de qué hablar.
Inocencio sigue reflexionando en voz alta sobre la frase.

—¡Vaya frasecita…Huy. Huy. Huy…! Aquí está la mano oculta del poder. Pero no lo tengo claro. Habría que pasar de nuevo las imágenes a cámara lenta para poder observar qué otro mensaje se encuentra oculto entre los fotogramas. Sólo una vista avispada es capaz de captar la señal cifrada. Acaso intentan decirnos que no pensemos, que seamos felices haciendo lo que nos digan. No sé. No sé. Es un mensaje oculto ante la vista de todos. Luego, quizá, esa señal misteriosa sea conducida por los terminales nerviosos de forma imperceptible, llevada hasta la mente, donde se alojará como un virus tipo gusano en uno de los archivos ocultos de nuestra conciencia. Y tal vez, en un futuro lejano pueda activarse, no se sabe cuándo ni cómo, ni siquiera a cuento de qué.


CONTINUARÁ...

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viernes, 7 de febrero de 2014

NOTA AL DORSO





Toda la intimidad que compartimos
es una nota al dorso
del cuaderno virtual de nuestra vida:
compone el panegírico del alma.
Ese discurso da luz y unidad
al pálpito de nuestros corazones.
Pero hay tanto presagio en cada frase,
tanto misterio en cada anotación,
tanto sueño por ser realizado,
que cuesta admitir que tras cada página
inevitablemente habrá una muerte.


(El fuego del instinto. Ed. Vitruvio)
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Mariano Valverde Ruiz (c)

SIN ESCAPATORIA ( Versión blog, Parte 6)


6

Marlén comienza a ser consciente de que no tiene escapatoria, de que no puede librarse de Jeromo así como así, de que está en sus manos. Esa certidumbre le aumenta el estado de angustia mientras su mente busca ansiosamente una salida para la situación. No le queda otra que escucharle y ver qué es lo que tiene en la mente el farsante de las botas metálicas. Después buscará una forma de librarse de él.
A Jeromo, tras la segunda cerveza, se le comienza a soltar la lengua. Su organismo elimina con dificultad el alcohol y pronto nota los efectos de una mínima cantidad. Mientras tanto Sabina sigue deshojando la crónica poética del Madrid que conocemos en su canción. La música relata el encuentro con una ciudad abierta en la que caben todas las almas que aman la vida en su más pura esencia. Todas, incluidas las de Marlén y Jeromo.
—Si vas a ser una reina, princesita. Si lo que voy a hacer te va a encantar. Además, el negocio está dentro de lo que tú sabes interpretar como nadie. Te viene como anillo al dedo.
—Habla ya. No tengo toda la tarde.
—Pues verás. Voy a montar un local de diversión donde el teatro sea parte fundamental. Pero no la única.
—¿Qué? Alucino.
—Tengo un amigo que ha adquirido en una subasta un local que viene que ni pintado para la idea. Se trata de una vieja posada de habitaciones amplias que está en buen estado de conservación. Vamos, que con una mínima inversión, el edificio estará preparado para albergar el negocio. En los últimos años, la posada ha estado dedicada al negocio del alterne, pero ahora, con la crisis, las cosas no van como antes. No sería rentable seguir con el negocio tal y como está. Así que, mi amigo y yo, hemos pensado en reconvertirlo y actualizar el negocio con nuevas ideas.
—¡Vaya!...¿Tu amigo y tú?
—Sí. Mi amigo y yo. Ya te hablaré de él.
—¿Y cuál es la idea, que supongo será de tu amigo más que tuya?
—La idea consiste en revolucionar el concepto de teatro. Que los clientes se muevan a su antojo por el local y no tengan que estar sentados como en los teatros que conocemos. En cada habitación habrá un pequeño grupo de actores que pondrán en escena una obra corta e intentarán hacer participar en la misma a los clientes que lleguen por allí.
Marlén empieza a prestar atención. No sale de su asombro al oír hablar a Jeromo en esos términos. El rufián sigue con su explicación.
—Los clientes, al poder moverse con libertad por todo el local, no estarán sujetos a una actuación en concreto, sino que podrán elegir aquélla que les guste en cada momento. También podrán detenerse en los pasillos y en pequeñas salas habilitadas como bar, donde podrán tomar copas o tomar algo de picoteo. Y luego, podrán seguir desplazándose a su antojo, alternando con la gente que asista a los espectáculos y con los empleados que les atiendan. Además, en los momentos oportunos habrá sorpresas.
—¿Y qué se va a representar en esas condiciones tan dinámicas?
—De todo un poco. Humor. Erotismo. Comedias. Dramas. Tragedias.
—¿Qué puesto estás? Te han informado bien. Debe de ser ese misterioso amigo tuyo. Seguro que conoce el mundo del teatro.
—Cada semana cambiaremos los temas y las obras representadas en cada habitación. Con la entrada daremos un programa en el que siempre habrá una oferta nueva. Buenos precios. Buenas copas. Buenas tapas…
—Para todo lo que me estás diciendo… ¿Necesitarás muchos actores?
—Claro. Los tendré. Tú conoces gente. ¿No? Y ese tipo con quien sales ahora también conoce el mundillo de los actores. Además mi amigo está puesto en el tema. Tal y como imaginas.
—No me lo puedo creer… ¿Quieres implicar a mi amigo también?
—Ya te dije que después hablaremos de él. Te explicaré con detalle lo que necesito. Pero será más tarde. Ahora escucha.
—Qué más locuras tengo que escuchar. No hay bastantes con las que te has sacado de la manga. ¿A quién quieres engañar?
—Ahora viene lo mejor, princesa. Además de las obritas, las copas, las tapitas, etc… Aquél o aquélla que quiera algo especial, por muy especial que sea, yo me entiendo y tú también, lo tendrá. Habrá reservados para satisfacer los caprichos de los clientes. Con total intimidad y completa discreción. Yo me encargaré de que no falte de nada para satisfacer los bajos instintos y las perversiones de todo el mundo. Nadie tendrá que ocultar dónde va para realizar sus sueños inconfesables.
—No, si además vas a resultar un filósofo. Pero a mí no me engañas. Te conozco. Tú lo que quieres montar es un club de vicio y ponerle una cara bonita. ¿Cuántos porros te fumaste con tu amigo antes de parir semejante idea? Tú crees que la gente es tonta o qué.
—La gente va a conocer las novedades. La curiosidad agujerea los bolsillos. Y allí estamos nosotros para recoger los billetes, princesa.
—¡Ala!, te dura el efecto de los alucinógenos. Estás sonado.
—No necesariamente. Es una buena idea. Montaremos un local interactivo. El placer y la cultura convivirán juntos. Y por supuesto, el negocio. Dinerito contante y sonante. Ya verás qué bueno. No va a haber otro local en Madrid tan atractivo, tan diferente, y con tantas posibilidades. Irán tanto los modernos como los carcas a dejarse la “guita”. Todo el mundo encontrará lo que busca. Diversión y placer junto a la posibilidad de realizar ocultas depravaciones. ¿No crees que es una idea genial?
—No sé… Y qué es lo que quieres que te solucione yo.
—Varias cosas, princesa. Lo primero es la pasta.
Jeromo se frota con intensidad los dedos índice y pulgar mientras el brillo de sus dientes ilumina la barba de tres días que ensombrece su cara.
—Ya te he dicho que no tengo —dice Marlén con rotundidad.
—Pero puedes tener. Tú no querrás que me vea obligado a dar un golpe en el que puedas estar incriminada, princesa. Con la de viciosillas que hay en la cárcel esperando que llegue carne fresca para convertirlas en sus esclavas… Te imaginas que apareciese un fiambre con tus señas de identidad. ¡Madre mía!
Jeromo deja la amenaza colgada en el aire como una guadaña invisible. A Marlén le vuelve a temblar todo el cuerpo. El malvado ríe abiertamente y se bebe la tercera cerveza casi de un trago. Después se frota la boca con el dorso de la mano derecha, chasquea la lengua y con la mirada fija en los ojos de Marlén le dice:
—No te preocupes princesa, que papito piensa en todo… Tengo planeada una idea genial, una jugada con la que obtendremos el dinero necesario para que seas la reina del local y yo el emperador de Chueca.
—Estás loco tío. Estás completamente loco.
—Ja, ja, ja, ja… Por tus huesos, mi reina…Por cierto, me debes una noche de placer bestial. Cómo las que tú y yo nos pegábamos. La última vez me dejaste insatisfecho…No pude arrancarte las bragas a mordiscos porque no llevabas. Ja, ja, ja.
—Pues esta noche no será. Tengo que trabajar hasta muy tarde. Ayer comencé a pasar un número por el que me pagan muy bien y no pienso faltar.
—Bueno, bueno. Pues será de madrugada. Je, je. Así me entero de cómo van las cosas y te amplio detalles del plan.
—¿Qué plan?
—Ahí es donde entra en juego tu amiguito… Ja, ja, ja.
—Ni se te ocurra hacerle daño. O te las verás conmigo.
—¿Con quién…? ¿Con quién me las voy a ver? No me hagas cambiar de humor, princesa.
Jeromo vuelve a coger del brazo a Marlén que hace esfuerzos para levantarse y marcharse.
—Me tengo que ir. ¡Ayyyy!
—Siéntate. Y estate quietecita. Que te voy a decir lo que tienes que hacer.

En la música del local Sabina habla de una princesa particular, una mujer que no es la que acaba de cerciorarse de que no tiene ninguna escapatoria y que se verá obligada a cumplir con las imposiciones de Jeromo. Resignada a su suerte, Marlén piensa por un momento que nunca se está a salvo del pasado, que su ponzoña siempre termina alcanzándonos en el instante menos oportuno. 


CONTINUARÁ...

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