miércoles, 1 de julio de 2020

LOS DEPREDADORES



LOS DEPREDADORES


El bosque es peligroso
para quienes lo habitan
arropados con su inocencia
y sin perversas intenciones.

Por las noches se escuchan los aullidos
de los depredadores
como sirenas en la niebla
que reclaman a sus manadas
para cazar a campo abierto
con la luz de la Luna
o al clarear el día.

Los lobos tienen el pelo
color dulce canela
para camuflarse en las sombras.
Sus ojos brillan
con una luz hipnótica
que seduce las miradas
de los incautos.
Se acercan con esmero
y su sigilo burla al guarda del silencio.
Tienen mucha paciencia
y lanzan su zarpazo
cuando ya es tarde para huir.

Ellos huelen la sangre
desde muy lejos
y se mueven entre las sombras
como animales al acecho
para sorprender a sus víctimas
cuando muestren debilidad
por el cansancio del camino.

Jamás están saciados.
Tras una presa deshuesada
vendrá la piel de otro cordero,
y después sonará
el rechinar de sus colmillos
ante sus adversarios
para disfrutar el festín
de las almas del mundo.


(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados

LO MÁS OCULTO DE LOS SUEÑOS



LO MÁS OCULTO DE LOS SUEÑOS


No es preciso que nadie diga
que no cree en futuros mejorables
mientras sigue los ritmos
que le marca el trabajo
y se somete a la cruel dictadura
de la necesidad.

No es preciso que, mientras duerme,
el oculto misterio
de un mundo más humano
se desvele en imágenes,
aparentemente inconexas,
que tan solo el comprenderá
cuando despierte,
y no lo comparta con nadie.

A pesar de sus precauciones,
adivinarán que sueña
con los deseos de unos ojos
que crucen por las nubes
sin cristales de aislamiento
imaginando un mundo nuevo,
adivinarán que sueña
para hacer habitables
las cortezas de los árboles
donde lucha por ser un pájaro carpintero.

Y a los que sueñan,
se les requisará lo que oculten
porque puede ser peligroso
para los que se lucran con su esfuerzo
en el interior de los árboles
con raíces de acero.

(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.

EL CUENTO DEL BOSQUE



EL CUENTO DEL BOSQUE


Cuando se habla del bosque
como metáfora del tiempo,
muchos asocian su paisaje
a un espacio inventado
que no tiene reflejo en la realidad
y se parece a un cuento legendario.

Su concepto se liga a un lugar misterioso
donde lo mágico tiene su sitio
en las escaleras del tiempo.
Y dentro de sus páginas
fabulan como humanos
todos los animales conocidos,
ninfas y faunos,
los objetos inertes,
los seres vegetales,
y los viejos enigmas de la naturaleza.

Las historias del bosque
parecen narraciones
que no van con nosotros,
pero, sin darnos cuenta,
su materia poética
pellizca las conciencias,
y alerta al pensamiento
para que se disponga a enfrentarse
al mal que nos acecha
en cada etapa de la vida.

La verdad también se desnuda
como una parodia del mundo
en la ficción que es el poema.

(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.

sábado, 27 de junio de 2020

LOS RECOLECTORES DE LÍQUENES



LOS RECOLECTORES DE LÍQUENES


Hace un frío glacial en la vaguada
que cristaliza el hielo
y trenza el volumen del aire.

A los recolectores de líquenes
se les congelan las pestañas,
los dedos de las manos
y la jornada laboral.

Lienzos de un color verde oscuro,
envuelven los troncos de los árboles
con la esperanza de la tierra,
recubren las arrugas
que muestran sus cortezas
y mantienen al frío deshuesado.

De improviso,
el bosque es una conjunción
de sonidos metálicos
que ahuyentan a los pájaros
y a las ardillas.

Un hombre se inclina en silencio,
hace una reverencia ante un gran árbol
y le pide perdón
antes de poner en marcha
los dientes de la sierra
que segarán los líquenes
como una metafórica cosecha
de la esperanza y del futuro.

Y al igual que los seres impotentes
ante su destino fatal,
las raíces de los árboles
tiemblan bajo la tierra
como lo harán los descendientes
de los hombres que hoy siegan la esperanza
de un mundo sostenible.


(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.

LOS RECUERDOS DEL CHAMÁN



LOS RECUERDOS DEL CHAMÁN


De tarde en tarde,
el chamán del desierto
recuerda que buscaba setas
para alimentar a sus sueños
en los bosques de encinas
que formaban su hogar.

Eran tiempos pretéritos
en los que disfrutaba de las plantas
y de los dones de la tierra.

Entonces guardaba sus frutos
para, en noches de bruma,
convocar a las almas
de sus ancestros
y levitar entre las sombras.

Pero ya no recuerda el color
de los hongos cerúleos,
ni el tacto místico de sus coronas
que, como pedazos del cielo,
dejaban en la tierra
las lágrimas del universo.

Ahora se consuela
con meditar tumbado en las arenas
del desierto que cubre
lo que fue un bosque milenario
antes de la llegada de los hombres.


(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.

jueves, 25 de junio de 2020

LOS OLVIDOS IMPRUDENTES



LOS OLVIDOS IMPRUDENTES


Cuando ladran los perros
al frío de la tarde,
el aire mueve
las hojas de los árboles
y agita los sentidos de los hombres
para que busquen dónde cobijarse
de la vil intemperie.

Las gentes corren por las sendas
abiertas en la tierra,
entre los matorrales de cemento,
cruzan puentes metálicos,
sortean los semáforos
de color amarillo,
eluden los abismos
que reclaman sus mentes
y no miran atrás por si arrastran sus sombras.

Unos van hacia sus refugios
como seres cansados de sus propios errores,
otros entran en las tabernas
para quemar su aliento
con una sonrisa cercana,
o siguen el destino de las sombras
que guían sus desvelos.

Pero, a menudo, se olvidan
de ver cómo atardece
en el crepúsculo de un verso,
de disfrutar la luz malva del cielo
o el denso crepitar de los colores
que difuminan el paisaje
con sus tonos inaprensibles.

Olvidan, de forma imprudente,
la ternura del tiempo
que nos dona su abrazo
con la melancolía y la belleza.

Olvidan la materia de los hombres
y todo lo inasible del entorno
que condiciona nuestro mundo.

(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.

LO QUE NADIE RECONOCE


LO QUE NADIE RECONOCE

 

 

Entre los habitantes de los bosques

hay una vieja costumbre

que nadie reconoce.

 

Muchos cultivan la afición

de observar sin ser vistos.

Procuran mantener intacta

la virtud de un espectador

para quien no cuenta el reparto

de los roles del mundo

ni va con él el argumento

de la ópera viva del hombre.

 

Lo que importa es la imagen,

distante y divertida,

que hay tras la pantalla,

el humo que no ensucia,

la trampa inofensiva y perversa

de la que otros son víctima,

el hechizo de dagas

que nunca alcanzará al observador.

Lo que cuenta es pasar el rato

con ese realismo sucio

que enturbia las conciencias.

 

Mientras, crecen las amapolas

sin que nadie las mire,

se escuchan los silencios

de las palabras bellas,

se pudren las metáforas

que no crecen por dentro,

o hay coronas de fuego y vanidad

que arrasan la memoria

de todo lo escrito.



(c) MARIANO VALVERDE RUIZ
Todos los derechos reservados.