SHAKESPEARE O NO SER
Como todo humano, seguro que se preguntó muchas veces quién era. En su lucha diaria por la subsistencia es muy probable que llegase a la conclusión de que debía ser él mismo o no era nada: uno más de los seres anónimos que pasan por el mundo sin dejar huella. Así que concluyó: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Esta es la frase inicial del monólogo del príncipe Hamlet, en el que Shakespeare reflexiona sobre el dilema existencial entre el vivir soportando el sufrimiento o acabar con la vida para escapar de él. Se cuestiona la vida, la muerte, la acción, la duda y explora la experiencia humana profunda.
William Shakespeare
(1564-1616), “El bardo de Avon”, fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Se le
considera el autor más importante en lengua inglesa. Sus obras más destacadas
entre las tragedias son: ‘Romeo y Julieta’, ‘Hamlet’, ‘Otelo’, ‘El rey Lear’, ‘Macbeth’,
‘Antonio y Cleopatra’, ‘Julio César’. Entre las comedias destacan: ‘El mercader
de Venecia’, ‘Pericles’, ‘Las alegres comadres de Windsor’, ‘Cuento de invierno’,
‘La fierecilla domada’, ‘El sueño de una noche de verano’. Entre las obras
históricas: ‘Eduardo III’, ‘Enrique VI’, ‘Ricardo III’, entre otras. También es
destacable su producción de sonetos.
Pero la verdadera
cuestión no es quién fue, sino cómo es que, siglos después, su obra siga siendo
un mapa fiel de nuestra existencia y de la condición humana. Cabe preguntarse
cómo un hombre de provincias, con educación limitada, logró captar la
complejidad de la naturaleza humana, la política de las cortes reales y la
terminología del poder… entre otras cosas, para conseguir elevar a los
escenarios una serie de obras universales.
Su legado transformó
el inglés de una lengua rústica a un instrumento de precisión filosófica. Su
obra es uno de los espejos donde la humanidad se sigue reconociendo tras el
paso de los siglos y las vicisitudes del devenir de la existencia. Y es de
destacar que esa trascendencia se fue fraguando en los escenarios de los
teatros, en los lugares a los que acudía un público que pertenecía a todas las
clases sociales, pero, especialmente, a las clases más populares. Cabe
imaginarse al escritor, poeta y actor, disfrutando de esa comunión metafísica
que se produce entre el creador y el público cuando fluyen las palabras con la
magia del conocimiento y la diversión.
A nadie se nos
escapa que, salvando las distancias del tiempo, muchas de las situaciones que
reflejan sus tragedias, sus obras históricas o sus comedias, tienen un reflejo
en la actualidad. De ahí la grandeza de su obra y el talante universal de su
figura en la historia de la literatura.
Sin duda, ser
Shakespeare es la capacidad de articular el silencio del alma y el ruido de la
historia.
Mariano Valverde Ruiz ©
Todos los derechos reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario