martes, 13 de enero de 2026

SHAKESPEARE O NO SER

SHAKESPEARE O NO SER

Como todo humano, seguro que se preguntó muchas veces quién era. En su lucha diaria por la subsistencia es muy probable que llegase a la conclusión de que debía ser él mismo o no era nada: uno más de los seres anónimos que pasan por el mundo sin dejar huella. Así que concluyó: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Esta es la frase inicial del monólogo del príncipe Hamlet, en el que Shakespeare reflexiona sobre el dilema existencial entre el vivir soportando el sufrimiento o acabar con la vida para escapar de él. Se cuestiona la vida, la muerte, la acción, la duda y explora la experiencia humana profunda.

William Shakespeare (1564-1616), “El bardo de Avon”, fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Se le considera el autor más importante en lengua inglesa. Sus obras más destacadas entre las tragedias son: ‘Romeo y Julieta’, ‘Hamlet’, ‘Otelo’, ‘El rey Lear’, ‘Macbeth’, ‘Antonio y Cleopatra’, ‘Julio César’. Entre las comedias destacan: ‘El mercader de Venecia’, ‘Pericles’, ‘Las alegres comadres de Windsor’, ‘Cuento de invierno’, ‘La fierecilla domada’, ‘El sueño de una noche de verano’. Entre las obras históricas: ‘Eduardo III’, ‘Enrique VI’, ‘Ricardo III’, entre otras. También es destacable su producción de sonetos.

Pero la verdadera cuestión no es quién fue, sino cómo es que, siglos después, su obra siga siendo un mapa fiel de nuestra existencia y de la condición humana. Cabe preguntarse cómo un hombre de provincias, con educación limitada, logró captar la complejidad de la naturaleza humana, la política de las cortes reales y la terminología del poder… entre otras cosas, para conseguir elevar a los escenarios una serie de obras universales.

Su legado transformó el inglés de una lengua rústica a un instrumento de precisión filosófica. Su obra es uno de los espejos donde la humanidad se sigue reconociendo tras el paso de los siglos y las vicisitudes del devenir de la existencia. Y es de destacar que esa trascendencia se fue fraguando en los escenarios de los teatros, en los lugares a los que acudía un público que pertenecía a todas las clases sociales, pero, especialmente, a las clases más populares. Cabe imaginarse al escritor, poeta y actor, disfrutando de esa comunión metafísica que se produce entre el creador y el público cuando fluyen las palabras con la magia del conocimiento y la diversión.

A nadie se nos escapa que, salvando las distancias del tiempo, muchas de las situaciones que reflejan sus tragedias, sus obras históricas o sus comedias, tienen un reflejo en la actualidad. De ahí la grandeza de su obra y el talante universal de su figura en la historia de la literatura.    

Sin duda, ser Shakespeare es la capacidad de articular el silencio del alma y el ruido de la historia.


Mariano Valverde Ruiz © 

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