lunes, 25 de octubre de 2021

UNA ISLA DE CHILE

UNA ISLA DE CHILE

 

 

No recuerda el lugar exacto

de la tierra de Chile

donde vio a aquel hombre

por última vez.

 

Quizá fue en la isla de Pascua,

pero no puede asegurarlo.

 

Un velo de incredulidad

y de tristeza recubre el recuerdo.

 

Entre esa veladura

y el sonido del aire,

emergen imágenes antropomorfas

como un misterio sin palabras.

 

Tiene grabada en su cabeza

la imagen de aquel hombre enjuto,

de piel cuarteada por el esfuerzo

que, como un moái,

estaba detenido en el tiempo,

mirando fijamente hacia el mar

sobre las rocas de la tierra

que llaman Rapa Nui.

 

Recuerda que aquel hombre

comenzó a caminar

hacia el abrazo con las aguas,

igual que tantos otros en el mundo.

 

Le llevaban hacia el mar

el cansancio por la escritura

de lo que nunca pudo ser,

la inocencia del niño

que jugó con la muerte

mientras no supo lo que se jugaba,

el desencanto de la lucha

por los seres humanos

y sus sendas de errores,

los años de renuncia

a ser como cualquiera,

su desvelo por los necesitados,

el compromiso con los valores,

y toda su entereza

al servicio de las palabras.

 

Pongamos que este hombre

nos recuerda la imagen

de otro hombre valiente,

un hombre que tras mucho esfuerzo

por ganar a los malos del planeta

y tener el gesto de los humildes

muy cerca de sus manos,

también pudo tener consciencia

de su infinita soledad

a la hora de la muerte.

 

Por eso, el hombre que recuerda

a otro hombre en una isla de Chile,

se apiada del poeta

que vivió con intensidad

para derrotar a la muerte.

 

Agradece el esfuerzo

de un hombre luchador

que dejó su alma entre las palabras

que dan vida a los poemas

para que sean del aire,

y de todos los hombres.


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VENTANA A LA CITY

VENTANA A LA CITY

 

 

A través del cristal de su ventana

puede observar las hojas

que cuelgan de los eucaliptos

como pequeñas láminas verdosas

que acarician el aire

con sus formas armónicas.

 

En el interior de esas hojas

cree ver parte de su desconcierto,

de su ansiedad,

del mal estar acumulado

en las obligaciones laborales.

 

Un impulso sin lógica

lo incita a romper el cristal,

asomar la cabeza al mundo

como un ariete de palabras,

gritar por la ventana

como un loco poseso

que desea ser libre

para dejar que fluya su armonía

con la naturaleza

y se imponga la templanza

de un hombre nuevo.

 

Se tranquiliza su ánimo

con un instante de cordura.

 

Ya sabe que al final todo confluye

en la lógica de los tiempos.

 

Convencería al mundo

de la necesidad de sublevarse

en contra de todas las imposiciones

que dejan la esencia del tiempo

en manos del trabajo

y de las escaleras sin final

que se alzan en todas las ciudades.

 

Pero tan solo puede sublevarse

contra su propia reja,

esa que le mantiene esclavo

de un ritmo frenético

para poder ganarse su posada

y la posibilidad de mirar

las hojas de los eucaliptos

cuando nadie lo observa.

 

Desde sus ventanales,

también se ve la City,

sus enormes rascacielos

que penetran las nubes

como cuchillos afilados

para cortar el aire de los pobres,

y la respiración de los cautivos

en la ciudad de los mercados.

 

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jueves, 21 de octubre de 2021

UN CÓNDOR SOBRE LOS ANDES

 UN CÓNDOR SOBRE LOS ANDES

 

 

Como el cóndor que vuela

sobre los Andes,

ha surcado sobre la vida

intentando llevar sus ilusiones

en una burbuja de aire

a merced de los vientos.

 

Se ha recreado en los paisajes

que abren las montañas al mundo

en las grandes rocas de América,

en las explanadas agrestes

de las ciudades de los dioses,

en las nubes de lana,

en el vértigo de la luz,

en el silencio de las cumbres,

en todo lo que ha visto

mientras las hojas de la coca

abrigaban sus dientes

como un cielo de plumas de águila.

 

El hombre de las cumbres

camina hacia el abrazo de las aguas

del arroyo sereno

que describe el fondo del valle.

 

Tras él va la nostalgia

del tacto con la tierra,

la noche del recuerdo

en los bosques lejanos,

el cansancio del humo

en la frontera con el aire,

y la vitalidad de los deseos

que nunca alcanzaron la luz.

 

El hombre de las cumbres

va hacia el arroyo

con la clara certeza

de quien ha disfrutado de la vida

como si la muerte no viviese

sobre las cumbres de los Andes.

 

Camina muy despacio

con el amor dictando

toda la dimensión

de los años vividos,

va buscando un rincón en la planicie

donde descansen sus recuerdos,

marcados con  dulzura

por el arcoíris de la existencia.

 

El hombre de las cumbres

eleva su mirada

hacia las rocas de los Andes

como un cóndor

que alza su penúltimo vuelo

y deja sobre la llanura

todo el esfuerzo necesario

para conseguir las caricias

del aire, y del tiempo,

a la hora de la muerte.

 

Muy pronto se convertirá

en agua del arroyo

donde se refleja el vuelo del cóndor

que baja de las cumbres

llevando las palabras

a los sentidos de los hombres.


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COMO EN HOTEL CALIFORNIA

 COMO EN HOTEL CALIFORNIA

 

 

Un anciano camina por la playa

mientras recuerda los acordes

de una lejana melodía

donde las guitarras cantaban

al viento del desierto

y a los sueños perdidos.

 

El anciano acomoda

sus pies cansados

sobre la arena húmeda.

Nota el tacto del agua

y la lejana juventud perdida.

 

Recuerda con tristeza

cuando quedaba expuesto

a la llama ancestral

de todas las pasiones

que despertaban los instintos

de aquellas jóvenes

que esperaban en la playa

a los príncipes de los cuentos.

 

Fue uno de ellos mientras tuvo fortuna

para jugar en los casinos

al sueño de Morfeo

buscando la quimera del dinero

en el infierno de la adrenalina,

y la realidad le sorprendió

con la pérdida del futuro.

 

Mastica sus errores

con la soledad de los derrotados.

Recuerda aquellas advertencias

sobre el dolor y la amargura

que dejaron sobre su piel

en una habitación impersonal

de la costa de California.

 

Ha dilapidado su vida

jugando a todo o nada

en noches de apuestas,

sin admitir que todo se consigue

con esfuerzo y constancia.

 

Alza los ojos hacia el cielo

como un despojo de la tierra.

 

Será bienvenido al infierno

en la ruta sin fin

donde no termina la noche

ni existe el tiempo,

ni bailan las musas perversas

en fuentes de alcohol y metafísica.

 

Recuerda las palabras

de quien bien lo quería:

los juegos son espejos en la cumbre

donde ver las profundidades

de un sueño que no es sueño

sino la traición de los sentidos

que ejecuta la mente

mientras te roba el alma.

 

Y el espejo del aire

se cubre con las lágrimas

que brotan de la juventud perdida,

demuestran su amarga derrota

en el juego de la existencia.


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martes, 19 de octubre de 2021

VERANO EN LA COSTA AZUL

 VERANO EN LA COSTA AZUL

 

 

El día es del color

de la espuma rizada de las olas.

 

La playa luce con la luz de junio

buscando en el aire

los reflejos azulados del agua

que tienen los poetas

cuando pintan el cielo

con sus pinceles de alma.

 

Las muchachas del cuento

se divierten sobre la arena

que las olas llevan hasta sus pies

como racimos de corales.

 

Juegan con sus destinos

igual que si retasen al futuro

para que detenga al tiempo

cuando alcancen sus sueños

en el filo de la fortuna.

 

Van construyendo sus castillos

para que los príncipes de otros cuentos

se acerquen hasta sus estancias

y decoren sus patios con diamantes

como las luces del amanecer

pintan de sonrisas el aire.

 

Sus pieles se acicalan

con el aroma de la vida,

la calidez de los abrazos

y la turgencia del deseo.

 

Todo parece una romanza

donde suena el acordeón

con notas parisinas

mientras toda la arena se recubre

con un vestuario de cremas dorados

y pasteles azules,

igual que una película de autor

invitada por la belleza

al Festival de Cannes.

 

En el espejo de las olas

hay un juego de azares

entre la juventud de las muchachas,

la picardía del tiempo,

los paisajes de moda

y la templanza del futuro

para hacer del amor, y de los sueños,

un cuento inolvidable. 

 

Mientras tanto,

los espliegos mediterráneos

que descansan en las laderas

muy cerca de la playa,

huelen a mar profunda,

respiran su salitre por los tallos

que ven pasar al tiempo,

y rizan el aire del mundo.


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jueves, 14 de octubre de 2021

EN UNA ALDEA DEL CONGO

EN UNA ALDEA DEL CONGO

 

 

Está subido al tronco seco

de un árbol de caoba

en pleno corazón del Congo

como si de un gorila se tratase.

 

Desplaza su mirada

por el paisaje más cercano

con unos ojos negros

que son el último reducto

de todos los colores.

 

En su mirada se proyectan

los impulsos irracionales,

el furor de la sangre,

la fuerza del deseo

y toda la voracidad del mundo.

 

Observa la sonrisa de una joven

que lo mira desde una choza

el otro lado de la aldea,

sus labios incitantes,

la traviesa cabriola de su gesto

y la sensualidad de sus encantos.

 

Se dispone a abrir

la puerta del misterio

que hay tras unos ojos de codicia

y una sonrisa insinuante.

 

Los latidos de la templanza

se diluyen entre las formas

de la pasión que atenaza su mente.

Lo mágico y lo insólito

echan raíces en su carne.

 

Su instinto viaja

hacia los confines del tiempo.

Es tan firme, tan persuasivo,

que establece una conexión

entre el espíritu de sus ancestros

y la mujer que lo reclama.

 

En tan solo un instante,

se inunda el aire de la selva

con el aroma del amor

y la codicia más irracional.

 

Ambos sonríen desde lejos

y los cordeles de sus labios

construyen una choza

con la inquietud

de la inminente entrega

y la ternura de unos cuerpos

que inventan el amor

como si nunca hubiese existido

la renuncia a la tierra

para ganar el cielo.


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miércoles, 13 de octubre de 2021

EN EL PUERTO DE SIDNEY

EN EL PUERTO DE SIDNEY

 

 

Hace muchos inviernos

que busca la paz interior,

un tiempo de equilibrio

y de calma absoluta

que le permita disfrutar

de las cosas sencillas

sin que nada le robe su belleza,

un estado que haga posible

concentrar sus sentidos

en lo más inefable

y poder crear algo novedoso.

 

Pasea por el puerto

con esa sensación irreverente

que tienen los que buscan

hallar la soledad

sin saber que ya están muy solos,

esos que buscan comprensión

sin tener claro

que nadie puede comprenderlos.

 

Se asoma hasta el filo del muelle

para ver en las aguas

la silueta de un hombre

que cruza los umbrales de un espejo

para adentrarse en lo desconocido.

 

Puede ver a un terrible antagonista

que lo mira a los ojos

con la intención malsana

de obstaculizar todos sus esfuerzos

para hallar lo que busca.

 

Se adentra en el espejo de las aguas

y piensa en el fulgor

del instante concreto

en el que su verdad

alcance su destino.

 

Y sueña con llegar

a ese lugar deseado

donde todo se concentre

en la luz modulada

de una mañana de verano,

en la música de los pájaros,

en los olores de la hierba,

en el tono carismático

de la paz absoluta.

 

Se siente muy dichoso

al escuchar la voz

con la que le llama el abismo

para que eche a andar de nuevo

con el instinto irrefrenable

de su alma más viajera.

 

Cree que en el siguiente paso

encontrará la paz que necesita.

 

Pero, al otro lado del espejo,

bajo las aguas del puerto de Sidney,

su antagonista

ya cava una fosa sin fondo

para la única paz posible.

 

Da miedo comprenderlo.


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